Opinión: El suicidio de Cruz Azul

Pavone
Pavone

Ciudad de México

Y serán 17 años… Así de efímera duró la ilusión de Cruz Azul en su Liguilla número 24 desde que obtuvo su último título de Liga, en el ya muy lejano Invierno 1997. El 3-0 que le propinó Toluca parece ser una ventaja irreversible y fulminante, y más si se tiene en cuenta que La Máquina nunca ganó en la fase regular por una diferencia de tres goles y que sufre mucho para encontrar la portería (apenas 21 tantos en 18 juegos).

En la ida Guillermo Vázquez pecó de cauteloso al cederle la iniciativa a Toluca, confiando en el bajo nivel que había mostrado el conjunto mexiquense y que se había traducido en una racha de cuatro empates consecutivos; sin embargo, no en vano los de José Cardozo fueron la mejor ofensiva y ya lo había advertido el propio Saturnino que buscaría comprometer a sus jugadores en la pausa que hubo antes de la Liguilla, y tal parece que lo logró.

Cruz Azul confió demasiado en su defensa y terminó por pagar caro su falta de autocrítica. En la semana algunos elementos celestes se atrevieron a decir que el aparato defensivo podía darles el título, pero aquí se gana con goles y eso es de lo que carece esta Máquina.

Un poco de dinamismo e intensidad fueron suficiente para que los Diablos desnudaran por completo a una zaga lenta y a unos laterales improvisados, porque ni Israel Castro y Julio César Domínguez dominan al cien por ciento esas posiciones.

Si Cruz Azul quería volver a trascender en esta Liguilla, debió quitarse los miedos y traumas que de antemano lo acompañan, arrojarse con agallas como lo hizo el semestre pasado, donde fue una maquinaría hasta los últimos cinco minutos contra América; es cierto, aquello también fue un fracaso, pero un equipo propositivo siempre estará más cerca del triunfo.

Si tu naturaleza es brincar al vacío, al menos hazlo convencido de que llegarás al otro lado, sino cometerás suicido como históricamente lo hace Cruz Azul. Falta la vuelta, pero parece que serán ya 17 años.