América vence a Monterrey y alcanza puestos de liguilla

Las Águilas derrotaron un gol por cero a los Rayados de Monterrey y se metieron a puestos de Fiesta Grande en el Clausura 2017.

Ciudad de México

Oribe Peralta metió a las Águilas del América a zona de Liguilla del Clausura 2017, solitario gol del 'Cepillo' que sirvió para vencer 1-0 a los Rayados de Monterrey en la Jornada 12 del Clausura 2017.

Con este resultado, América llegó a 17 puntos y es séptimo de la tabla general; mientras, el equipo regio se quedó con 19 puntos, en riesgo de perder su segundo lugar ante los Diablos Rojos del Toluca.

EL PARTIDO

Duelo de Jornada 12, ocaso del Clausura 2017 y Águilas ante Rayados en los primeros minutos exhibieron respeto de más, comodidad, esperar el error y mesurada respuesta al ataque. No es momento de arriesgar, es tiempo de aguardar para matar a la hora exacta.

Incluso, apenas a los 20', cambio por lesión de Cecilio Domínguez, lugar que ocupó Michael Arroyo, quien de inmediato puso lo que hacía falta: primera pelota que agarró y, con su drible y picardía, exigió a Hugo González. La primera de peligro para el local.

Después, tibios intentos de Rayados, sin profundidad y sin idea; tiros de media distancia que jamás llegaron a las manos de Agustín Marchesín. Cuarenta y cinco minutos de nada en un Azteca con una de sus peores entradas. El segundo de la general visitó el Coloso, pero en el primer tiempo no apareció.

Segundo tiempo y Diego Lainez fue el hombre desequilibrante por derecha; movimientos de desmarque que siempre lo tenían franco para el pase o el desahogo defensivo; incluso, al 55', tiró un túnel y dejó en el camino a dos Rayados, oportunidad franca que dejó en la defensa: a Lainez solo le falta levantar la cabeza.

Pero al 63', el de siempre, Oribe Peralta empujó una pelota chorreada que cruzó el área sin que ningún rayado pudiera despejarla: 1-0 y las Águilas sacaron oro de la nada.

El equipo de Antonio Mohamed lo intentó hasta el final, pero en noventa minutos, los regios no metieron nervio a la meta de Marchesín; los dirigidos de Ricardo La Volpe tampoco, pero un error marcó la diferencia, ese que esperaban desde el silbatazo inicial. Comodidad, esperar y mesurada respuesta al ataque.