La reconstrucción de 'Memo'

Vázquez se encuentra a 90 minutos de la tercera final en su carrera y de la mano de Pumas, ha revalorizado su trayectoria; se cobraría la cuenta pendiente ante el América 

Guillermo Vázquez en la banca de Pumas en el partido ante América en la Jornada 17
Guillermo Vázquez en la banca de Pumas en el partido ante América en la Jornada 17 (Mexsport)

Ciudad de México

En el futbol, como en la vida misma, las grandes derrotas dan forma al carácter, ayudan a moldear el temple. Sucumbir no siempre significa algo definitivo, más, si se toma como un aprendizaje. Si hay alguien que sabe de esto es Guillermo Vázquez, entrenador de Pumas, que este domingo, frente al América, estará a 90 minutos de clasificar a su equipo a la final del Torneo Apertura 2015.

Y fue precisamente contra las Águilas, pero dirigiendo a Cruz Azul, que Memo vivió su episodio más amargo, ese momento que tiempo después lo tiene en una instancia similar, pero en condiciones completamente diferentes a las que vivió hace poco más de dos años en la cancha del Azteca. Hoy, goza de la calma y la confianza que le abandonaron la noche del 26 de mayo de 2013 en Santa Úrsula.

El Cruz Azul de Vázquez se desmoronó en los últimos suspiros de la final de vuelta, en un duelo marcado por los constantes fallos de la ofensiva celeste, previos a la inesperada remontada. El principal culpable de la catástrofe fue Memo, así lo señaló la afición y un sector de la prensa, luego de que los de amarillo empataran y vencieran a su once en penales; Vázquez abandonó el timón azul un semestre después y lo hizo para reencontrar su estilo, para perfeccionar su método de trabajo.

En agosto de 2014, más mesurado con los medios de comunicación hermético con la afición, el timonel regresó a Pumas, donde ya había salido campeón (Clausura 2011), institución que lo formó en el pasado como futbolista y luego como entrenador. Regresaba para sacar al club de los últimos lugares de la clasificación general. La apuesta parecía arriesgada... Y funcionó.

Después de 15 meses en su cargo, Memo retornó a Pumas a estar muy cerca de una final. El equipo realizó un semestre para enmarcar, siendo líderes generales en la competencia, la mejor ofensiva (37 goles a favor) y recuperando el protagonismo en Ciudad Universitaria. La madurez de Vázquez radica en el mérito de este colectivo que, aunque humilde, sabe cómo explotar sus principales cualidades.

A lo largo de dos torneos y medio, Vázquez le ha dado a Pumas lo que tanto añoraba la afición. El estratega reintegró a piezas fundamentales en el pasado para la institución en el presente, como Alejandro Palacios, Javier Cortés y David Cabrera, así como Luis Fuentes. Todos, canteranos del club. De igual forma, Memo ha conseguido estabilizar el tema de la porcentual, cerrando su participación de este semestre en el octavo peldaño de los cocientes; lo empezaron en el lugar número 16.

De la misma manera, el timonel auriazul ha recuperado la esencia del equipo. A lo largo de su estadía, de su segunda etapa, debutando hasta a seis jugadores producto de sus fuerzas básicas, mínimo uno por semestre. La Cantera está viva y nutre poco a poco al primer equipo; también hay una base de extranjeros de calidad probada en el futbol mexicano, que con Vázquez han deslumbrado.

Memo ha recobrado, a la par de su alma mater, la fuerza de sus conocimientos y como recompensa ha afianzado a su oncena, muy cerca de un nuevo título, el octavo en la historia del Club Universidad. Vázquez volvió al Pedregal para ejecutar una reconstrucción colectiva, pero de la mano, ha consumado una propia, como entrenador, revalorizando su carrera y regresando los reflectores a CU, como a sus andanzas.