Avispones: juegan para superar noche de Iguala

El conjunto de la Tercera División tuvo esta tarde un juego amistoso contra el equipo Sub 17 de los Pumas, el cual perdieron por marcador 0-2.

Ciudad de México

Han pasado poco más de cuatro meses del atentado que sufrieron los Avispones de Chilpancingo, el equipo de la Tercera División que el 26 de septiembre del año pasado fue interceptado en la carretera Iguala- Chilpancingo, cuando regresaba a casa tras jugar el primer partido de la temporada contra el Iguala. Fueron atacados por un grupo armado que dejó como resultado la muerte de David Josué García Evangelista (jugador de 15 años) y el chofer Víctor Lugo. Y otras 12 personas heridas.

De golpe y porrazo, los Avispones entraron en la agenda mediática, con el paso de las semanas, los gobiernos municipal, estatal y federal empezaron a hacerles llegar recursos. Poco a poco los integrantes de la plantilla fueron superando las heridas físicas y también el daño psicológico.

Aquella noche que fueron atacados, los jugadores buscaron la manera de refugiarse de las ráfagas, en el interior del autobús se tiraron al piso, guardaron silencio y esperaron a que el ataque concluyera, el tiempo se les hizo eterno. No sabían por qué les ocurría eso, con el paso de las horas se enteraron que fueron confundidos, que ellos no eran el objetivo, pero ni así entendían cómo podían acontecer ese tipo de sucesos.

EL MIEDO SE DIGIERE

Facundo Serrano, director deportivo de los Avispones, habla de lo que fue aquella noche del 26 de septiembre, dice que cuando cierra los ojos y piensa en ese día, le viene a la mente “un amargo recuerdo, ser atacados con armas de fuego es difícil, es algo que va a quedar para siempre”.

Facundo recuerda que cuando empezó a escuchar los balazos “nos tiramos, abajo de los asientos nos estuvimos ocultando, yo fui alcanzado por esquirlas, que se incrustaron en mi cuerpo, dos ya fueron retiradas con microcirugías, y una se quedó incrustada en el primer hueso de las costillas, por esa zona baja la aorta, hay una válvula del pulmón, arterias principales y por lo difícil que es manipular esa zona la han estudiado, vine a ver a un especialista al INER (Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias) y dicen que es mejor dejarla ahí para no ocasionar otro problema, porque puede ser posible colapsar el pulmón o romper algo y puedo tener una hemorragia. Tengo que vivir con ella, el médico me dice que sigue igual, no se ha movido y se va a quedar ahí”.

Por ahora, las heridas de las dos esquirlas que le fueron retiradas aún le duelen a Facundo, hubo otros fragmentos que se incrustaron en la espalda, pero no fueron tan profundos, se le retiraron y ahí ya no hay dolor.

Pedro Rentería, entrenador de los Avispones, recibió dos impactos de bala en el abdomen que “pasaron por el hígado, estuve 12 días en terapia intensiva, poco a poco me he ido recuperando y le estamos dando seguimiento al hígado. Las heridas por fuera ya cicatrizaron”.

Cuando Rentería escuchó los balazos, gritó a sus jugadores que se echaran al piso, él estuvo en el Ejército y está acostumbrado al sonido, cree que el hecho de que los chicos se quedaron en silencio “fue un factor para que no nos siguieran disparando, sentimos que eran momentos interminables”.

Juan Luis Soberanis Sánchez es mediocampista de contención y capitán del equipo, aquella noche viajaba en la parte final del autobús, estaba acostado y cuando recuerda el momento piensa “en que todo estaba oscuro y nos estaban disparando, se escuchaba cuando le pegaban al autobús y caían los vidrios, me tiré al piso, me hice bolita, sentí rozones en la cabeza, después sentí caliente en la espalda porque ya se me habían incrustado esquirlas. Ya me quitaron unas y otras mi tejido las está absorbiendo, ahorita ya no duele”.

Después de este tiempo y con todo lo que han generado los sucesos de aquellos días en Iguala, Serrano Uriostegui intenta encontrar una explicación. “Es algo que no debió haber pasado, no era para nosotros, lamentablemente estuvimos en la hora equivocada, en el lugar equivocado, fuimos víctimas de una situación y dentro de lo malo es que aún podemos contarlo, los muchachos que salieron heridos en el incidente pudieron sobreponerse, ya están entrenando y jugando. Estamos trabajando terapias psicológicas con todo el equipo para solventarlo y sobreponernos”.

Y cuando llega la hora de emprender otro viaje acepta que el hecho vuelve a aparecer en la mente, pero que existen precauciones. La principal, que ya viajan en un autobús rotulado para que puedan ser identificados y no confundidos. “Antes íbamos con miedo, ahora sí saben que somos nosotros, sí existe ese temor, pero poco a poco vamos digiriéndolo, aceptándolo, uno no deja de tener temor y en tu memoria no deja de estar el hecho, si oímos cohetes se te eriza la piel porque así es como se oye, como cohetes”.

El entrenador comenta que el miedo, en su persona, ya no está presente, “al principio sí, porque lo que pasó cambió el sentido de nuestras vidas, pensábamos que ya no íbamos a seguir en este mundo, ahorita hemos superado el miedo, quizá si regresáramos al mismo lugar lo volveríamos a sentir”.

Mientras, Soberanis apunta que después de ese día se despide de sus padres cada vez que sale de casa porque “antes solo les decía ya me voy o ‘al rato regreso’, y ahora me despido de ellos y trato de despertarlos cuando salgo muy temprano. No tengo miedo de salir, el que obra mal, mal le va; nosotros nos dedicamos a jugar y estudiar y por eso no creo que nos vaya a ir mal”.

LOS APOYOS

Después de los sucesos, los Avispones recibieron la atención mediática y casi de manera inmediata la de las autoridades municipales, estatales y federales, las cuales empezaron a dotarlos de recursos. “Los jugadores están recibiendo una beca por el gobierno estatal que les da dos mil pesos al mes; hay otra beca del municipio de mil 400 al mes, y el gobierno federal les consiguió una beca de estudio y les da dos mil pesos al mes. Un total de cinco mil 400 pesos al mes para cada jugador; además del camión y los uniformes para todo el equipo”, comenta Serrano.

El entrenador considera que fue una pena que tuviera que ocurrir una tragedia para que tuvieran ese tipo de atención; “desafortunadamente fue así, los gobiernos no tienen en su responsabilidad directa los equipos de futbol, nos los están dando por considerarnos víctimas”, comentó Rentería.

Soberanis va en el mismo tenor, cree que “si esa noche hubiéramos tenido el autobús a lo mejor no nos hubieran atacado, ahora eso nos identifica”.

Además, los Avispones y sus familias reciben terapia psicológica individual y grupal, la secretaría de Gobernación los incluyó en el programa Glorias del Deporte. Sin embargo, la Federación Mexicana de Futbol y ninguno de sus dirigentes entró en contacto con ellos. La Liga MX tampoco y la dirigencia de la Tercera División los visitó una semana después de los hechos, les ofreció ayuda terapéutica, pero ésta no llegó nunca.

Este sábado, los Avispones reciben en el arranque de la segunda vuelta al club Iguala a las 15:00, pero ahora fungirán como locales, en el estadio Polideportivo de Chilpancingo. Quizá habrá recuerdos que se muevan, porque los sueños de ser un equipo que trascienda, el miedo y el dolor van disminuyendo, pero el hambre de crecer no se han extinguido en estos meses.

Ayer, los Avispones perdieron por 2-0 con los Pumas Sub-17, el sábado buscarán cambiar la historia.