La semifinal amistosa

El América contra Pumas es una añeja rivalidad en el futbol mexicano

Memo Vázquez e Ignacio Ambriz
Memo Vázquez e Ignacio Ambriz (Mexsport)

CIUDAD DE MÉXICO

El duelo entre América y Pumas despierta pasiones, en la cancha los jugadores defienden su escudo a muerte, aflora el orgullo.

Lo desagradable es que en este partido se han llegado a presentar actos de violencia en las tribunas. En la Jornada 17, ya dentro del estadio Azteca, antes del arranque del juego hubo golpes en la cabecera sur donde se ubican los seguidores de Universidad.

El América contra Pumas es una añeja rivalidad en el futbol mexicano, que —por más que debata— se ha convertido en clásico a través de los años, siempre genera expectación cada vez que se miden y en Liguilla no es la excepción.

Sin embargo, para las semifinales del Apertura 2015, existen varias coincidencias que demuestran que más allá de la pasión y la rivalidad, hay gestos de respeto, compañerismo y algunas amistades entre integrantes de ambas plantillas.

La reducción de las hostilidades comienza con los técnicos. Ignacio Ambriz y Guillermo Vázquez son contemporáneos como estrategas y lo fueron también de futbolistas.

Nacho (50 años) es apenas dos años mayor que Memo (48), y pese a que nunca compartieron vestidor en el máximo circuito, sí coincidieron como rivales más de una vez en distintas etapas de su trayectoria.

Se conocen desde hace décadas. Vázquez debutó con Pumas como jugador en 1984, y después pasó por Tecos, Monterrey, Atlas, Toros Neza y se retiró en Pachuca en 1999; mientras Nacho se presentó como futbolista profesional con Necaxa en 1983, y más tarde recaló en escuadras como Salamanca, Atlante, León, Celaya, Puebla, para así retirarse con los Rayos durante el 2001.

Su trayectoria incluyó una Copa del Mundo con la selección nacional, la de Estados Unidos 1994. Una muestra de afecto entre los dos entrenadores se dio en el enfrentamiento de la última fecha regular, antes del silbatazo inicial en el estadio Azteca; Ambriz y Vázquez se saludaron de manera cordial, se abrazaron como buenos camaradas y se acompañaron durante unos instantes de ese modo.

Una sonrisa por cuenta de ambos cerró el gesto de unión. Al final del encuentro, aunque la despedida fue más breve, se notó la amabilidad y respeto entre ambos.

AMIGOS Y RIVALES

Aunque en la cancha, se olvidan los lazos afectivos y las experiencias compartidas, pues son rivales, de las actuales plantillas de americanistas y universitarios, algunos de sus integrantes pasan de la enemistad deportiva y mantienen una buena relación.

Es el caso de Pablo Aguilar y Darío Verón, quienes se conocen de años atrás y que incluso compartieron filas en la selección paraguaya y en este mismo combinado también coincidieron Osvaldo Martínez y Dante López, y hay otros guaraníes como Miguel Samudio de las Águilas y Silvio Torales de Pumas que también se conocen.

Es la misma situación de Michael Arroyo y Fidel Martínez, que han sido coequiperos en la selección de Ecuador. Y si se trata de coincidir, Moisés Muñoz y Oribe Peralta lo hicieron con Luis Fuentes y Alejandro Castro en la más reciente convocatoria de la selección mexicana.

De hecho, los actuales cancerberos de cada escuadrón mantienen cordialidad en su trato. En el juego de fase regular, Muñoz le pidió la camiseta a Pikolín para entregársela a un pequeño aficionado de capacidades diferentes, que admira al guardameta auriazul.

Palacios accedió a la petición y le dedicó la casaca al joven fanático, un gesto de que más allá de la rivalidad hay detalles de caballerosidad entre ambos equipos.