La ciencia confirma el instinto animal de Messi

Escribir sobre lo que hizo Lionel Messi durante el pasado Clásico ante el Real Madrid ya sale sobrando, está de más. Ya se ha dicho lo preponderante, exquisita y sublime que fue la actuación del argentino para que el FC Barcelona siga en la lucha por conquistar la liga española, tras el fracaso en la Champions. Pero, vamos más allá de esa apoteósica actuación, realmente se han preguntado ¿por qué reaccionó Messi de esa manera? La ciencia explica qué fue lo que sucedió la noche del pasado domingo en el Santiago Bernabéu, porque hay una explicación científica.

Dejando de lado un poco el tema futbol, vamos hablando de la persona, del ser humano, del instinto de supervivencia del que Lionel Messi tuvo que echar mano para sobrevivir a la cacería de la que fue víctima, activó su instinto animal para pasar de presa a cazador. Normalmente cuando nos enfrentamos a situaciones adversas, a peligros que atentan contra nuestra seguridad, el cerebro activa inconscientemente instintos que nos ayudan a tomar intrépidas decisiones y habilidades físicas sorprendentes para sobrevivir ante una amenaza.

Marcelo buscó apresar a Messi, quiso intimidarlo con ese codazo a los 20 minutos de juego, que poco le faltó para dejarlo sin incisivos. Mientras Casemiro intentó amarrarle los tobillos en dos ocasiones. A partir de ese momento, el cordero se vistió de bestia, dejó de ser presa para ser cazador. Marcelo y Casemiro despertaron el insisto animal de Messi, la intuición para subsistir ante la adversidad.

El miedo y la ira son parte de la intuición ante una amenaza; primero entras en pánico, te espantas, pero después viene la ira, el coraje, esto produce cambios, altera y alerta al cuerpo, acelera el ritmo cardíaco, aumenta la presión sanguínea y mayor flujo de sangre a los músculos, esto ayuda a luchar ante una amenaza, como lo hizo Messi en el primer gol, al dejar a Carvajal y Modric perplejos, con la mirada perdida y sin capacidad de reacción.

Los depredadores no se daban por vencidos, y ahora tocaba el turno del cazador alfa, Sergio Ramos; constantes agresiones e intimidaciones tanto físicas como verbales hacia el cordero. El científico Florian Mormann, del Instituto Tecnológico de California, publicó en la prestigiada revista Nature Neuroscience su investigación, donde dio a conocer que los seres humanos tenemos amígdalas cerebrales que detectan la amenaza intuitivamente sobre el peligro, sobre una presa. Es decir, reaccionamos ante la intimidación de los seres humanos por intuición, independientemente si somos la presa o el depredador.

Messi era la presa, representaba una amenaza para Ramos. Paradójicamente, Ramos fue la presa, la amenaza siempre fue Messi. Con el depredador en la jaula, no hubo quien detuviera al argentino con piel de cordero. Messi fue el jugador que menos corrió (de los que permaneció todo el encuentro) en el Santiago Bernabéu; 8.19 kilómetros. Sigiloso como un leopardo, sin gastar energías innecesarias, buscando el momento oportuno para cazar a su presa con una mordida mortal en la yugular para asfixiar a su presa y degustarla. Ese fue Messi, cuando todo parecía que el empate era un hecho, él siempre estuvo al asecho, buscando el momento oportuno para aniquilar y pasar de presa a cazador. A segundos de terminar el Clásico, el cordero dejó sin aliento al Bernabéu, atónito, desconcertado.

No conforme con aniquilar a sus amenazas y expulsar a la fiera, Lionel Messi clavó sus dos colmillos en las redes, escapó de las garras de los carniceros para conquistar sus tierras. Irónicamente, la oveja se despojó de su lana en la casa del predador, la exhibió sin recelo ni temor a ser linchado por la turba merengue. Simplemente, Messi fue una víctima de su instinto animal.



Twitter: @WillyAsva