Real Madrid; de la gloria al infierno

La primera semana de abril ha sido difícil para los madridistas, agridulce. Mientras que en La Liga, donde sus probabilidades de llevarse el título son bajas, da una alegría a sus seguidores venciendo al FC Barcelona en el mismísimo Camp Nou; ante su afición y en el marco del homenaje a Johan Cruyff. Uno de los iconos e histórico jugador del club blaugrana y del balompié mundial, uno de los hombres que re y evolucionó el futbol.

Por otra parte, y cinco días después, en el torneo que aún tiene altas posibilidades de ser campeón, pierde 2-0 en el juego de ida de los cuartos de final en Alemania ante el Wolfsburgo. Un club que marcha en el octavo lugar en la Bundesliga, y que, al igual que el cuadro Merengue ha apostado todo por la UEFA Champions League dejando de lado la liga local.

Real Madrid fue presa de sus propios fantasmas, fue víctima del exceso de confianza. En tan solo unos días, los pupilos de Zinedine Zidane cayeron del cielo al infierno, probaron la miel y la amargura en cuestión de horas, transformaron la locura por demencia.

En el Camp Nou, ante un coliseo colmado de playeras blaugranas, teniendo como marco principal el homenaje póstumo a uno de los hombres que cambió radicalmente la historia, un hombre que como jugador y entrenador revolucionó la manera de jugar, ver y disfrutar el futbol desde todos los ángulos y caras del prisma. Johan Cruyff había fallecido unos días antes del súper Clásico, por lo que el cuadro Culé quería rendirle tributo de una manera excepcional.

La mesa estaba servida, pero ¡vaya sorpresa se llevaron los dirigidos por Luis Enrique! Un juego bastante parejo, ríspido, donde un equipo quería imponer su doctrina y el otro quería destruirla. Un Clásico que cumplió sus expectativas hasta la segunda parte, donde ambos equipos recordaron que sabían jugar al futbol y que, cuando se lo propusieron, la película fue otra, con un final inesperado.

Zinedine Zidane le ganó la partida a Luis Enrique. Un triunfo Merengue súbito, tres puntos que saben a gloria, que dentro de la mala temporada que ha hecho el Real Madrid, un resultado como este, ante su acérrimo rival, siempre es importante. Aunque La Liga no está definida, son siete puntos los que separan al primer lugar (Barcelona) del tercero (Madrid), sin pasar por alto que Atlético es segundo. Esta victoria madridista en tierras catalanas puede poner candente el cierre de la temporada. Pero, si Barcelona continúa su paso como hasta este momento, dejando de lado el tropiezo ante el Real Madrid, no habrá problema para que se coronen, dejando a los Merengues con el Clásico como único consuelo.

La resaca tras la victoria madridista quedó de manifiesto el pasado miércoles, cuando en otra historia, otro torneo, y en la recta final de la Champions League pierde 2-0 ante el Wolfsburgo en el juego de ida de los cuartos de final.

Haberle ganado al FC Barcelona en La Liga llenó de confianza al Madrid, se embriago de éxtasis. Esos factores fueron los causantes de que Real Madrid perdiera el juego de ida ante un modesto cuadro alemán. Si bien, el Wolfsburgo no cuenta con jugadores de renombre, si tiene piezas importantes, como por ejemplo: Julian Draxler. Además, es un cuadro que juega como equipo, corren todos y saben cada uno como realizar y hacer sus funciones adecuadamente acorde a lo que el técnico alemán, Dieter Hacking les pide.

Real Madrid no jugó bien, el exceso de confianza, el cansancio y la resaca del Clásico les jugó una mala pasada. Circunstancias que el cuadro teutón supo aprovechar. En el Santiago Bernabéu la historia será otra, difícilmente veremos nuevamente a un Madrid tan endeble y raquítico como el del pasado miércoles en el Volkswagen-Arena.

Los próximos días no serán fáciles de digerir para la entidad madridista, ¿habrán entendido la lección? Esperemos que sí, lo que queda claro es que el exceso de confianza y el minimizar a un rival puede jugarles una mala pasada y por ende dejarlos fuera de la Champions League.