Messi, el niño que sigue jugando en el llano

Lo he dicho, lo sigo diciendo y lo seguiré diciendo; me siento afortunado de poder ver jugar a uno de los mejores futbolistas de la historia. Bienaventurados todos aquellos que disfrutan, que gozan, que se regocijan con cada regate, con cada finta, con cada gol, con cada trazo que salen de ese par de pinceles sobre el lienzo verde de un niño, un tal Lionel Messi.

Antes que nada me gustaría aclarar algo; no soy un pro Messi ni anti Cristiano, ni un pro Cristiano ni anti Messi, simplemente soy un aficionado que disfrutó del futbol, que se deleita, que admira y que goza a quienes saben tratar bien la pelota, y uno de ellos es Messi.

El pasado miércoles fue un día atípico en el Camp Nou, para el mundo del futbol. Quizás se estarán preguntando por qué, si es común ver hacer un hat-trick a Messi, es habitual que gane el FC Barcelona. Pues bien, esa noche se colapsó el paradigma, el arquetipo donde el futbol superó a la estrategia, a la táctica y meticulosidad de uno de los mejores técnicos en la última década. Esa noche Pep Guardiola se dio cuenta que la naturaleza de un futbolista lo superó, que fue más allá de sus alcances, de sus horizontes, de su estereotipado ADN, de su filosofía.

Lionel Messi quizás no entienda de tácticas, de sistemas, de estrategias, de métodos como su émulo, a él lo único que le interesa es tener la pelotita entre sus pies, entre sus ojos, como cuando jugabas en el llano; lo único que querías era conducir el balón hasta la portería rival hecha de dos piedras, de dos troncos, de dos sudaderas del uniforme del colegio, y anotar para estallar en jubilo. Pero cuando no tenías a la redonda entre tus garras; peleabas por ella, por tenerla, por acariciarla. Con esa misma hambre, ansiedad, felicidad y alegría con la que aquel niño jugaba en el llano, o en el colegio en su natal Rosario, Argentina, hoy veo a un tal Lionel Messi. En pocas y resumidas palabras; Messi con el balón se viste de frac, sin él se pone el overol.

El sexto Balón de Oro se ve lejos para el argentino, porque difícilmente bajará de ese pedestal a Cristiano Ronaldo, los dos títulos más importantes del futbol después de una Copa del Mundo los tiene en sus vitrinas, son las cartas de presentación del portugués. Pero nadie puede negar que el nivel de Messi partido a partido es digno de ser reconocido, de ser aplaudido, de ser vitoreado.

Seamos honestos y sinceros, sin colores de por medio, sin camisetas puestas, sin nacionalismos, y respóndanse las siguientes preguntas; ¿Me seduce ver jugar a Lionel Messi? ¿Me deleitan sus goles? ¿Me regocija verlo driblar? ¿Me cautiva su magia? Si todas tus respuestas fueron "si"... ¡Felicidades! disfrutas del futbol en todo su esplendor.