Balón sin ley

Ídolos a la baja

Esta semana se confirmó la necesidad de operar al chileno Humberto Suazo, por lo que su ausencia, según se informa, se prolongará un mínimo de cuatro meses. Esto, aunque no quiera reconocerse, va a impactar de manera grave en el desempeño del viejo club de la ciudad. De todos es sabido que de a poco se han ido desprendiendo de jugadores con calidad, talento, liderazgo y lo principal, una trayectoria reconocida. Es cierto que hace unos meses El Chupete atravesó por una baja de juego; el hecho de no anotar le ganó comentarios adversos en cuanto a su rendimiento, señalando algunos que ya era hora de darlo de baja, incluso cuando llegó el momento de renovarle contrato fueron muchos los que pujaron porque no se le extendiera contrato multianual.

Sin embargo, en el torneo anterior, cuando ya se exhibió la pobreza de plantel que se tiene, Humberto se echó el equipo al hombro y de nuevo se convirtió en ese pilar que sostuvo, incluso, al Profe Cruz en el timón.

Hoy la debacle parece inevitable a menos que, como citan los optimistas, el grupo tome conciencia y de manera sorprendente haga la proeza de olvidar al genio chileno. Mientras que en el bando de los felinos, las escopetas del equipo de Lucerito (los cazadores) ya apuntan a una nueva presa, después de conseguir que Damián Álvarez dejara el once titular, ahora se preparan para obtener la cabeza de Lucas Lobos, no cesan en su empeño de ver al capitán en la banca, algo que, sin duda, sería el inicio del fin de una buena camada de jugadores.

Todo lo mal que se ve el desempeño futbolístico de los Tigres quieren imputarlo a un jugador que si bien es cierto no atraviesa por el mejor momento de su carrera, tampoco es verdad que su participación es nula, el naturalizado sigue mostrando los dotes innatos con que cuenta, la claridad para eludir la marca parece no ser la misma, pero el talento y clase no han desaparecido, retomar el nivel que lo ha consagrado en nuestro país es cuestión de tiempo.

Así es el futbol, así pasa con los ídolos; se les admira mucho porque han demostrado su valía, se les exige al máximo por su calidad inigualable, pero nos olvidamos de algo muy importante: también son humanos.   

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