Desde el Tendido

¿Qué pasa en una corrida? Parte VI

El sexto capítulo de lo que sucede “durante” una corrida. Ya hemos hablado de una serie de requisitos y de varios elementos que se deben hacer presentes para que usted como aficionado a los toros sienta que está en el lugar correcto y está disfrutando de un espectáculo único.

Igual hemos hablado en otras ocasiones que para que la magia del toreo se haga presente, deben existir dos cosas importantes, una el torero, con su arte, con su técnica y con su firme decisión de salir esa tarde a demostrar lo que trae en su esencia taurina, más allá de valor y destreza estará su sensibilidad para expresar con diferentes lances su tauromaquia y por otro lado, está el toro que con su debido trapío representa una fuerza natural en bruto a dominar, pero mi estimado amigo lector, cuando una de las dos cosas que he mencionado falta, todo se va al traste y nos invade la decepción, el coraje y lo principal, nos invade el aburrimiento, quizá en un momento de serenidad hasta enojo, porque uno se siente engañado puesto que una fiesta de toros de verdad conlleva la mezcla ideal: Mucho valor con arte y un toro de verdad.  

El domingo en la Plaza México estuve puntual a observar un cartel que de lectura se antojaba extraordinario,  El Zotoluco,  Morante de la Puebla y Diego Silveti con toros de la controversial y manipulada ganadería de Julián Hamdam. Saltó al ruedo el primero y  bueno, siguiendo la estrategia de aventar por delante el toro más chico del lote y el menos peligroso, pensé que quizá era uno solo el problema del encierro con ese ejemplar, de buen peso pero de muy poca cara y pitones,  tapé con lamano a distancia la cabeza y se veía una caja ( el cuerpo) de un toro gordo y grande, pero al cambiar la posición de mi mano y ahora tapar el cuerpo dejando solo la cabeza, descubría algo que hasta me pareció burla y engaño, un torito simple, con cuernitos comoditos que no apuntaban hacia adelante, eran casi curvos, sin peligro contundente,  “así son los toros de esta ganadería escuché por ahí…“ y pues sí, en efecto, la manipulación genética logró desarrollar toros que dan el peso en la báscula pero no dan para el espectáculo, el verdadero espectáculo por lo que uno asiste a los toros.

Rápidamente El Zotoluco se hizo de él y con algunos lances bien implementados calló las quejas y rechiflasdel respetable ( el público ), todo quedó en una corta faena de valor, puesto que el animal se apagó rápidamente y con notoria debilidad que no lo mismo cansancio.

El diestro logró sacarle pases muy ajustados de mucho valor que encantan en La México, una oreja y la insinuación de una segunda oreja exigida primeramente por el matador más que por el público y que obviamente en un recato de decencia de la autoridad, no concedió.

Todo quedó ahí. Cuán desagradable sorpresa al ver en el desarrollo de la corrida, que el resto del encierro fue igual, incluso  el público exigió que se devolvieran dos ejemplares, era demasiado el abuso, y lo peor, los reservas sustitutos de Celia Barbabosa salieron idénticos, solo con más fuerza; los de Julián Hamdam, muy pobres de cabeza y muy débiles, salvo alguno que se escapó de la genérica opinión de esta lamentable corrida. Así no, definitivamente no.

Amigo lector, una disculpa a nombre de la tauromaquia legítima, esa corrida no cumplió con la promesa de la que se habla cuando se describe a la más bella de las fiestas,  y repito, la más bella porque deben conjuntarse dos cosas: Valor artístico y Toros con trapío, sin eso no hay fiesta, hay cualquier otra cosa que usted guste para calificarla… de verdad, reciba la disculpa. En resumen,  la 2da. de la México… Lamentable.  ¡Ole! La