Columna invitada

Verón y el espíritu universitario

Hay gran consternación entre los seguidores de los Pumas de la Universidad. Sucedió lo que nunca esperamos que pudiera pasar: de forma humillante y vergonzosa, la directiva del equipo despidió a un ícono legendario de la institución: Darío Verón.

No es necesario decir quién es y lo que representa Verón. El mejor defensa extranjero que ha venido a México, casi 500 partidos y cuatro campeonatos con Pumas, entre ellos el histórico bicampeonato. Aún ahora, a sus 37 años, fue clasificado como el segundo mejor recuperador de balones de toda la Liga. Es el capitán del equipo, pese al intento fallido por quitarle el gafete. Es el jugador más querido de la afición, el que despierta una ovación cada vez que se escucha su nombre, al que coreamos amorosamente en cada juego, el gran Darío Verón.

Esta directiva ha cometido muchos errores desde su llegada. En su nombramiento fue impugnada debido a su falta de extracción universitaria. De inmediato, vendieron a Sosa y dejaron ir a otros jugadores (Fuentes, Alatorre), para traer a algunos de desigual desempeño en la cancha (con las notables excepciones de González y Castillo); desplazaron a una porra histórica de su lugar en el centro del palomar para vender lugares numerados (que han estado vacíos casi toda la temporada), y nos volvieron a salir con el cuento de La Cantera que ya no se traga nadie, porque resulta claro que en el futbol actual La Cantera no alcanza para jugar en Primera División. La afición ha soportado esto y más: las promesas incumplidas, la caída hasta el penúltimo lugar de la tabla, la derrota contra los enemigos eternos. Pero lo que no podemos aceptar es que quiebren el espíritu de la universidad.

Los Pumas de la UNAM no son solo un equipo de futbol. El que sus jugadores muestren garra y dejen todo en la cancha no viene de la nómina o los salarios que se les ofrecen. El amor a la camiseta, su lealtad a Pumas no son cosas que se compren en el mercado. Estos atributos únicos de Pumas vienen de la sensación de pertenecer a algo más grande. Este sentido de pertenencia, que incluye amor y respeto mutuo, es el espíritu que da vida y aliento a los Pumas y que los hace imbatibles. Podemos perder un partido, perder un campeonato, pero no podemos perder el espíritu de la Universidad.

Cuando la directiva despide a nuestro jugador más querido con lujo de indecencia e ingratitud, violenta gravemente el espíritu de la institución. Cuando Palencia se enfrenta con sus jugadores en lugar de mantener la unidad y el anhelo por una causa común, sin darse cuenta, se suicida. Imagínense cómo va a ser recibido en el estadio después de haber permitido esto, imagínense cómo viven ya esta situación los compañeros del equipo que quieren, admiran y respetan a su capitán. Si quiebran el espíritu de los Pumas, todo está perdido.

Esta directiva no nos ha dado nada. Darío Verón, nuestro capitán, nos ha dado catorce años de gran futbol y todo su corazón. Puestos a escoger, nos quedamos con Verón. No nos coloquen en esa disyuntiva. Verón merece al menos un año más en Pumas, el de su retiro anunciado, y culminar su brillante carrera con un gran partido de despedida, rodeado de su afición, portando la camiseta de Pumas, en su estadio, en el que vivió tantas tardes de gloria. Y luego, quedarse en Pumas para siempre. Eso nos había prometido la directiva, y esperamos que cumpla su palabra.

Egresada de la UNAM, aficionada de Pumas desde hace 36 años, y profesora-investigadora de El Colegio de México.