Deporte al portador

Se vende equipo de futbol para jugar donde sea

Qué cosa tan extraña, lo de los equipos de futbol en nuestro país. Uno podría pensar que los aficionados, con esa intensa pasión que exhiben y esa lealtad absolutamente incondicional que le ofrendan a los colores de su club, esperarían que les fuera devuelta una suerte de seguridad o, por lo menos, cierta consistencia en los desempeños públicos del equipo de sus amores.

Un ejemplo: en el Reino de España, el Athletic Club, afincado en Bilbao, es algo así como una institución representativa de la identidad local: sus jugadores son nacidos, o se han formado, en Euskal Herria, ese espacio geográfico donde se manifiesta la cultura de los vascos que abarca una zona que no sólo comprende el norte de la península española sino una porción de Francia. Esta declarada exclusión de forasteros sería comparable a lo que ocurre, en estos pagos, con el Club Deportivo Guadalajara, donde solamente pueden jugar futbolistas mexicanos.

Bueno, pues el tal Athletic sigue ahí, en la capital de la provincia de Vizcaya, y es totalmente impensable que pudiera establecerse en otro lugar. Es más, cuando el equipo abandonó las instalaciones del antiguo estadio de San Mamés, inaugurado en 1913, muchos aficionados sintieron que desaparecía la esencia del club. Y sí, en efecto, se terminaba una época y el Athletic iba a ocupar, a partir del lunes 16 de septiembre de 2103, un nuevo espacio, con capacidad para más de 50 mil espectadores, construido por el gran arquitecto César Azcárate.

En lo referente a otros clubes que juegan en la liga de España, tampoco el Rayo Vallecano se ha olvidado de sus orígenes y sigue siendo un equipo de barrio madrileño, por no hablar del Barça, que es “més que un club”, o sea, una entidad que no sólo juega futbol sino que representa a Cataluña y, bueno, todos esos otros equipos inexorablemente ligados a un vecindario, una región, una cultura, una manera de ser o una identidad.

Muy bien, pero ¿qué pasa entonces cuando, en el futbol mexicano, un Atlante se muda a Cancún y un Necaxa aparece, de pronto, en Aguascalientes? ¿Se puede hablar, ahí, de una identidad?

Pero, lo más asombroso es que los seguidores no se sienten birlados: tengo por ahí a un par de amigos que siguen fielmente a sus equipos adonde quiera que los pongan. Antes, iban a ver jugar al Atlante en la capital. Luego, comenzaron a volar a Cancún… No entiendo. 

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