Deporte al portador

El último cartucho de "Checo" Pérez

Tengo un amigo tan aficionado a la F-1 que sigue fielmente las trasmisiones en directo de la competición aunque ocurran al otro lado del planeta. El problema es que no se traga a Fernando Alonso. ¿Por qué? Pues, le cae mal. Nada más. Yo le suelto, para encender uno de esos piques que suelen darse entre aficionados, que es el mejor piloto del mundo en estos momentos. Mejor que Vettel, que Hamilton, que Weber y que otros posibles aspirantes.

En todo caso, estamos hablando de superhombres, estimados lectores. No puedo casi imaginar ninguna otra actividad humana en la que deban de conjugarse los músculos y el cerebro de manera tan perfecta. Las exigencias físicas son enormes, para empezar, pero esa mezcla de coordinación, audacia, visión anticipada de las cosas, reflejos y dominio de lo espacial depende directamente de la mente de un conductor cuyo estado de alerta no puede decaer ni un instante. Lo repito: los pilotos son máquinas eficientísimas dotadas de un talento tan especializado como difícil de encontrar. Patinar, saltar con la garrocha, tocar el violín, lanzar un tiro penal, hacer malabarismos, caminar por la cuerda floja o lanzarse desde un trapecio son también actividades que demandan la más extrema coordinación pero la F-1 (algunos conocedores hablan de que los pilotos de rally son todavía mucho más diestros y que debieran ser los auténticos héroes del automovilismo) es tal vez la disciplina que más habilidad psicomotora exige.

Ah, pero quien habla de este deporte no puede ignorar a la otra máquina, la de verdad, ese auto provisto de tan altísima tecnología que se convierte, curiosamente, en un aparato absolutamente desequilibrado y poco fiable. Si Ferrari, la escudería más famosa de todas, no le pudo ofrecer un coche competitivo a Alonso y si muchos de los competidores, conduciendo artilugios en los que se ha invertido una auténtica millonada, abandonan la carrera a la mitad porque se les rompe la caja de velocidades o se les enredan los circuitos electrónicos, entonces el talento personal no siempre logra sobresalir.

No sabemos realmente qué pasó con Sergio Checo Pérez. Su pasado equipo, otro de los grandes, tampoco era competitivo. Hoy, tiene tal vez menos posibilidades con Sahara Force India pero, al mismo tiempo, podrá muy seguramente mostrar más cabalmente sus habilidades. Está obligado: es su última oportunidad en el Gran Circo. 

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