Deporte al portador

El tango de Messi y el juego de los alemanes

Ocurrió lo que debía ocurrir, si es que nos metemos de lleno en ese mundo de fatalidades, tragedias anunciadas y destinos fallidos en el que tanto suelen solazarse algunos argentinos: una vez más, el equipo de futbol de la nación austral se quedó sin conquistar un título importante. Su verdugo fue Chile, en un juego que, luego de disfrutar los portentosos desempeños de las selecciones que participan en la Eurocopa, podemos calificar de francamente infame, mediocre, aburrido y pastoso.

Ahora bien, fiel a la tradición y a la cultura de la tierra que lo vio nacer, Messi —que es un futbolista fuera de serie y un tipo incomparablemente más decoroso que el impresentable Maradona— escenificó un auténtico tangazo y nos avisa, a los aficionados del mundo entero, que jamás de los jamases volverá a vestir el uniforme del equipo nacional. Falló el hombre un penalti, es cierto, pero, ayer, en el trepidante encuentro que protagonizaron Alemania e Italia, no acertaron ni Thomas Müller, ni Bastian Schweinsteiger, ni Mesut Özil, del lado germano; el guardameta de la Manschaft, Neuer, tuvo el mérito de parar los tiros de Leonardo Bonucci y Matteo Darmian, Y, finalmente, otros dos restantes jugadores de la Squadra Azzurra, Simone Zaza y Graziano Pellè, ni siquiera lanzaron el balón al marco.

No se siente el ariete del Barça lo suficientemente arropado por una afición ingrata que lo juzga con extrema dureza y que lo siente un tanto alejado de sus raíces porque emigró desde muy joven a Cataluña. Ahora que se va, sin embargo, es cuando apenas comienzan a darse cuenta de que el equipo argentino gira, todo entero, alrededor de la figura providencial de un futbolista que lleva sobre sus hombros la pesadísima losa de decidir los partidos. Pues, ni el mejor jugador del mundo —y, probablemente, más allá de la mezquindad y la megalomanía del mentado Maradona, el mejor de toda la historia del futbol— puede asumir tan asfixiante responsabilidad. Ha dicho, simplemente, adiós.

Veamos, por el contrario, lo que ocurre con Alemania. ¿Quién es su Maradona? ¿Müller? ¿Schweinsteiger? ¿Khedira? ¿Jérôme Boateng? ¿Mesut Özil? Ustedes dirán si alguno de estos futbolistas se compara lejanamente con la figura del argentino pero, ¿cómo juega Alemania? La respuesta ya la saben: se mueve como un equipo perfectamente coordinado, solidario y compacto. Esta ejemplar sincronía parece cada vez más inalcanzable en el equipo argentino. Con Messi, o sin él. 

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