Deporte al portador

Como siempre: bendita Liguilla

El mismo comentario bianual y la misma pregunta: se juega un muy buen futbol en la fase final de los torneos de la Liga MX. Luego entonces,  ¿por qué no es así a lo largo de todo el año?

Y la misma respuesta, bianual también: porque, siendo tan relativamente fácil llegar a esa antedicha ronda, los jugadores de los equipos se lo toman con calma, van a su aire, se administran y no dejan la piel en la cancha.

Supongamos que es cierto esto. Digo, no es tan evidente que unos hombres jóvenes, bien pagados y sobre quienes pesa la constante amenaza de no ser convocados  por el entrenador —es decir, de quedarse sentaditos en el banco de suplentes a lo largo de partidos enteros y de no tener siquiera la oportunidad de exhibirse durante un par de minutos— sean vagamente haraganes e incumplidos. Yo, por lo pronto, no me lo termino de creer. Más bien al contrario: estoy casi convencido de que hacen su  mejor esfuerzo.

Eso sí ­—más allá de lo que podamos opinar desde la muy comodona circunstancia de quien no tiene que realizar durísimos entrenamientos ni someterse a pesadas sesiones de gimnasio ni vigilar constantemente su alimentación, por no hablar de evitar festejos y salidas nocturnas­—, el hecho de afrontar un encuentro en el que no hay mañana  sí es esencialmente diferente a la realidad de jugar un partido —digamos, al comenzar la temporada— donde las cosas no son decisivas. Está en la propia naturaleza humana, eso de echar toda la carne al asador en situaciones absolutamente determinantes.

Bueno, pues imaginen ustedes, entonces, lo que sería un torneo anual donde nada más contaran los puntos acumulados a lo largo de todos los partidos y en el que, por lo tanto, el ganador podría estar definido tres o cuatro jornadas antes de que se terminara la competición. Ese modelo funcionaría todavía mucho menos en un país como el nuestro donde los segundos y terceros lugares no se juegan un lugar en un torneo tan prestigiado como la Champions League. Ocurre, señoras y señores, que aquí no le hemos dado la importancia que merece a la Copa Libertadores ni tampoco a esa Sudamericana adonde vamos de entrometidos. Y, en cuanto a la Concachampions,  pues qué quieren que les diga…

Lo que sí, los tres últimos tres de la tabla deberían descender, sin mayores trámites y sin tablas porcentuales de por medio. Llevo años enteros diciéndolo. Bianualmente. Hoy, toca de nuevo. 

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