Deporte al portador

¡Rafa, mucho cuidado con las amistades!

Tener dinero es un verdadero problema, oigan ustedes: a la gente no le basta con guardarlo en una cuenta bancaria ni con invertirlo en la tradicional compra de propiedades inmobiliarias. Quiere más. O sea, más ganancias, más réditos, más utilidades. Tienen razón, los rendimientos bancarios son una verdadera miseria: mientras que por un saldo no enteramente solventado en tu tarjeta de crédito llegas a pagar una astronómica tasa anual de hasta 60 puntos porcentuales, tu banquero personal —o digamos, mejor, impersonal— te regala, en plan ya muy magnánimo, cuatro por cien de interés por los ahorritos que has logrado amasar esforzadamente a lo largo de una vida de trabajo.

Esta colosal disparidad, curiosamente, no ha encontrado un eco en los prohombres que se apoltronan en las butacas de nuestro Congreso bicameral: ni han legislado sobre las ganancias de las corporaciones financieras ni tampoco lo harán. Les tiene sin cuidado el tema. O, a lo mejor, piensan que así están bien las cosas. Es más, los especialistas nos dicen, a los ciudadanos ahorradores y a los consumidores gastadores, que los bancos afrontan la escalofriante amenaza de los deudores que no pagan, que eso les resta rentabilidad y que por tal razón a nosotros, los que sí pagamos, nos cobran tan altísimos intereses por los créditos que hemos contratado. Es para cubrir sus gigantescas pérdidas, vamos. Pero, de lo bajísimas que son las tasas por la plata que les prestamos a ellos no dan razón convincente ni explicación no convincente: no dicen nada. Luego, cuando te enteras de que México es el país más rentable para la banca extranjera, como que dejas de creer en las bondades del libre mercado, qué caray. Y esto se los dice a ustedes un liberal convencido.

En fin, ya se imaginarán a lo que voy. Al tema de la acusación por lavado de dinero, o sea. Del tal Julión no voy a hablar porque en esta columna no me ocupo de cantantes populares, ni quiero, sino de deportistas (su nombre de pila, sin embargo, me resulta mucho más sospechoso que el de Rafa Márquez y, bueno, no digo más). Ahora, en lo que toca al antiguo jugador del Barça, pues yo pensaría que pretendía, justamente, sacarle más jugo a sus caudales. En un momento, conoció a un tipo que le propuso hacer negocios. Resultó, el hombre, un financiero al servicio del narcotráfico. Eso no hace de Márquez, que no sabía de las andanzas del personaje, un criminal. Tan sencillo como eso. Pero, ya nos enteraremos bien de todo. 

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