Deporte al portador

2014: sin pena ni gloria

Cada año que pasa, al acercarse los primeros días de enero, echamos una mirada más o menos nostálgica a los meses ya transcurridos y no podemos evitar el habitual corte de caja: evaluamos sucesos, acontecimientos, resultados y logros con el implacable propósito de fijar, de una vez por todas, la realidad de las cosas.

Pues bien, 2013, en lo que toca al deporte, no fue demasiado afortunado: se desmoronó la figura del Canelo Álvarez en el mismísimo Mes de la Patria porque le tocó enfrentar —por vez primera en una carrera que, hasta ahí, parecía bastante comodona (sin menospreciar, desde luego, los formidables esfuerzos y sacrificios a los que se ve obligado cualquier competidor en una disciplina tan dura)—, a un adversario con tamaños. Bien a bien no se entiende la disparidad en los desempeños de Floyd Mayweather y el muchacho de Jalisco pero, como ustedes bien saben, el box es un negocio oscuro en el que se manejan intereses que los comunes mortales no podemos siquiera imaginar.

Pero, el episodio más embarazoso, a mi entender, fue la desaforada celebración, en el palco ocupado por ya saben ustedes quiénes, de la victoria del Tri como si se hubiera tratado de una hazaña inconmensurable e histórica siendo que enfrente tenían a un equipito de muchachos tan esforzados como inocentones, tan apocados como incapaces y tan inexpertos como torpes. No me digan, por favor, que hay que echar las campanas al vuelo luego de haber logrado el premio de consolación en un torneo hexagonal que asegura tres recompensas automáticas y un lugar en el repechaje. En fin, 2014, en este sentido, será nuevamente el año  de las grandes expectativas y los sueños desaforados. ¿Hay, por cierto, alguna razón para creernos el cuento de que somos mejores, digamos, que Brasil, Argentina, Francia, Holanda, Italia o Alemania? Acabo de mencionar a seis equipos, señoras y señores, de los cuales uno solo, uno nada más, se llevará el trofeo en el próximo Mundial.

Y, justamente, estuvimos al borde de una catástrofe económica —lo que nos faltaba, en estos momentos de negro pesimismo nacional— si no deportiva. Ya se me olvidó el monto de las pérdidas en caso de que no hubiéramos logrado vencer al gigante de Oceanía pero, por fortuna, el negocio sigue estando asegurado.

Mis mejores deseos a todos ustedes en 2014. 

revueltas@mac.com