Deporte al portador

La nobilísima afición regiomontana

El estadio Azteca estuvo vacío ayer, en el partido que jugaron América y Chiapas, porque, según parece, los aficionados están descontentos con los desempeños de Las Águilas. Y, ¿qué mejor manera de expresar el enfado? Pues, no yendo a los partidos, no comprando entradas, no estando allí, en el graderío. Dicho de otra manera, no apoyando.

Vaya afición, la que tienen algunos equipos en nuestro país: una rachita de derrotas y, miren ustedes, los seguidores dejan de ir al estadio. Nada de fidelidad, de respaldo en las malas horas, de sostén en la adversidad. No. Al contrario: si no me gratificas y me entretienes y me diviertes todo el tiempo, pues, te dejo. Si no me complaces, me voy. Te abandono. Me olvido de ti.

Ah, pero no hablemos de los regiomontanos porque, esos sí, allí están, semana a semana, con sus equipos, vayan como vayan, hagan lo que hagan. Tigres y Rayados tienen las mejores aficiones de México. Vamos, que parecen ingleses, de esos que, en cualquier lluvioso fin de semana de alguna de esas oscuras ciudades de las islas como Bournemouth (cuyo estadio tiene un aforo de poco más de once mil espectadores), Norwich o Stoke-on-Trent, abarrotan sus recintos por pura devoción, sabiendo, además, que sus equipos nunca lograrán otra cosa que estar ahí, compitiendo meramente en una Premier League donde triunfan sólo los más poderosos, es decir, los más ricos (por cierto, hablando de clubes millonarios, el Chelsea se encuentra en la décimo sexta posición de la tabla, cosa que me da mucho gusto porque no soporto al odioso de José Mourinho, por más que algunos conocedores pretendan que es un gran director técnico).

En fin, esa ejemplar constancia de los regios y ese apego que le tienen a sus equipos es algo que no se observa en prácticamente ninguna otra afición del territorio nacional. Y aquí vale la pena recordar que el tema de ser aficionado, lo de llevar los colores de un equipo y enorgullecerse de vestir una camiseta, es también un asunto de flagelos y desdichas. No hay ningún club en el planeta que no haya conocido las amarguras de la derrota aunque en los casos de colosos como el Madrid o el Barça la adversidad se manifieste en el muy relativo contratiempo de quedar en segundo lugar de la competición.

A esos seguidores del Monterrey y de Tigres les desearía toda la fortuna. Pero, mi corazón de tibio aficionado se lo he ya ofrendado a las Chivas. Vamos a ver, hoy, qué tanta gente se junta en Ciudad Universitaria.

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