Deporte al portador

¡Proclamación a favor del futbol navideño!

Lo del futbol en Navidades, si lo piensas, no es tan insensato, después de todo. Digo, para nosotros, los aficionados, es un auténtico regalo, pues sí, navideño. ¡Gracias, Papá Noel! (llamémosle San Nicolás también; o, ya en plan de colonizados culturalmente por los vecinos del norte, mascullemos Santa —no Santaclós como acostumbraban los de la Narvarte ni Santoclós como llegaron a decir en Tepito sino, lo repito, Santa— con un acentito que pretenda llevar consonancias yanquis).

Volviendo al contento de los fanáticos, ¿qué mejor cosa podemos hacer —en un día tan perfectamente inútil como el 25 de diciembre, tras los jubilosos excesos de la Nochebuena y luego de haber repartido entre la prole los regalos que aportó Santa Claus en su trineo repartidor, previa negociación con los padres de los pequeños destinatarios y Master Card de por medio— que apoltronarnos delante del televisor, tarro de cerveza en mano (si es posible, una Gouden Carolus o una Duvel o una Leffe, estimados lectores, si es que no les incomoda la recomendación de un experto, como yo, que considera las cervezas belgas incomparablemente mejores que las de cualquier otro país del mundo) para disfrutar del choque de trenes que protagonizarán el Tuca y don Ricardo Antonio La Volpe, al frente de sus respectivos equipos?

Yo diría, por el contario, que esto debiera ser ya instaurado como una tradición nacional. Pasados algunos años, se trasmutaría además en atractivo turístico. Naturalmente, los seguidores de cada uno de los equipos participantes habrán de tomarse la molestia de acudir en persona a sus correspondientes estadios pero, de nuevo ¿qué otra maldita cosa puedes hacer en un 25 de diciembre, qué otro pendiente figura en el calendario, qué compromiso laboral habría que atender?

Además, el partido no tendrá lugar por la mañana ni al mediodía sino por la tarde, con lo cual aquellos tradicionalistas que celebran una comilona el 25 en lugar de una tragantona la noche del 24 podrán, una vez concluido el banquete e ingiriendo los digestivos de rigor (o sea, licores dulzones o dulcísimos, en vez de espumeantes lúpulos), aderezar la sobremesa de ingredientes futbolísticos y, tal vez, iniciar a alguna de sus mujeres en los secretos del balompié, si es que siguen todavía en la pelea.

Debemos, luego entonces, promover esta iniciativa para que el futbol navideño sea una parte consustancial de nuestros usos y costumbres. Eh… y, los futbolistas ¿qué opinan, de tener que trabajar en una fecha tan entrañable? ¡Por favor, ni les pregunten! 

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