Deporte al portador

Los mejores…¡Fuera!

Vaya partido trepidante, el de ayer, entre ese Pachuca sorprendente y un América que, creo yo, no merecía perder. Pero, bueno, a ver si así se enteran, los directivos de Las Águilas, que es más importante tener en el mando a un tipo que da resultados, por más respondón o desobediente que pueda ser en temas que no son realmente importantes, que contar con un director técnico bien alineado con el patrón —alguien que no se atreve en momento alguno a viajar por su cuenta a Buenos Aires y que no otorga descansos presuntamente inmerecidos a sus jugadores sino que los tiene atareados todo el tiempo, como hormiguitas— que, miren ustedes, no pudo, a pesar de su obediencia, su disciplina, su subordinación y su observancia, obtener lo que necesita obligadamente un gran equipo, a saber, el título de la competición. Antonio Mohamed, es cierto, fracasó con Monterrey pero Rayados había contratado a algunos jugadores extranjeros que no estuvieron en manera alguna a la altura de las expectativas.

La ferocidad de los aficionados, de cualquier manera, es incontenible y, en este sentido, a Matosas le van a cobrar de inmediato la factura, aunque tampoco merezca todas las culpas. Miren en la red, si no, las imágenes de los seguidores del Madrid luego del empate ante esa Juve que le cerró la puerta de la final de la Champions en Berlín: le reprochaban, a Carlo Ancelotti, que no hubiera modificado el esquema de juego, que no hubiera hecho cambios en un equipo exhausto y que no “hubiera jugado a nada”. Son observaciones tan injustas como desinformadas porque estamos hablando de un formidable especialista que, además, avisó en su momento que carecía de algunos jugadores de largo recorrido. Pero los resultados son los que hablan.

Ayer, en el segundo partido de la jornada, el líder general del torneo regular hubiera debido pasarle por encima a un Santos que se metió en la liguilla gracias a una combinación de resultados y que, de paso, le había salvado la vida al Puebla al empatar. Pero Tigres, más allá de las simpatías que pueda despertar el hecho de que se desempeñaba, hasta ayer, en dos torneos, y de manera brillante, no mostró gran cosa. Misterios del futbol. Y, sobre todo, la recurrente injusticia de esa liguilla nuestra, tan caprichosa, donde a los mejores los pueden echar a las primeras de cambio y los más mediocres son los que llegan a la final. Ni modo… 

revueltas@mac.com