Deporte al portador

Mayweather no necesita patear ni dar codazos

¿Qué es esto, oigan? Hablo del extraño combate entre un boxeador verdaderamente extraordinario —aunque ese estilo evasivo que tiene no guste a los aficionados que se solazan con el espectáculo de golpes directos y contundentes— y un personaje que se desempeña en otra disciplina deportiva, esas llamadas artes marciales mixtas, en las que los contrincantes utilizan un abigarrado coctel de técnicas de combate.

O sea, que estamos hablando, en primer lugar, de Conor McGregor, un tipo que suele soltar patadas, rodillazos y codazos —cuando todavía se encuentra de pie en la jaula donde tienen lugar los pugilatos en los que suele participar— y que, cuando termina por ser derribado por el adversario, sigue peleando en la lona a punta de llaves, estrangulaciones y otras mañas derivadas de disciplinas chinas, brasileñas, tailandesas, japonesas, coreanas y hasta rusas. Del otro lado, Floyd Mayweather, un boxeador tradicional y… sanseacabó. No podrá morder ni arañar ni asfixiar ni luxar ni aplastar ni prensar ni triturar a su adversario porque no le han enseñado a hacerlo. No sabe, pues. Ah, y, aparte, es una pelea de box, no un combate de MMA (por las siglas en ingles de las Mixed Martial Arts) patrocinado por la Ultimate Fighting Championship (UFC).

Le llaman ya el “combate del siglo” a esta pantomima. Bueno, no es una escenografía como la lucha libre de los “rudos” contra los “técnicos” sino que sí se van a pegar de veras. Lo curioso es que Conor McGregor, el campeón de dos divisiones en las MMA (pesos pluma y ligero, me parece), va a tener que prescindir totalmente del 80 por cien de sus destrezas: nada de kickboxing, Muay thai, Jiu jitsu o Sambo en su repertorio. Puros ganchos, puros upperscuts, puros jabs y puros directos. Justo lo único que el otro domina a la perfección, además de su prodigioso manejo de piernas. Dudo, en lo personal, que cualquier peleador de los que apadrina la UFC tenga esa habilidad particular, la de moverse en el ring con la elegante y eficiente soltura de un Mayweather pero, estimados lectores, en el momento en que escribo estas líneas, el sábado por la tarde, mis apreciaciones no han sido todavía confirmadas por el triunfo del uno o del otro en esta singular pelea.

Es un negocio, desde luego. Y, hay que decirlo, deportivamente no carece de cierto interés, así fuere por la curiosidad de ver qué ocurre. Pero, hasta ahí, señoras y señores. Óscar de la Hoya los mandó al diablo a los dos por no respetar “el deporte del boxeo”. Luego, te enteras de que el hombre quería promover a McGregor al principio. ¡Uf! 

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