Deporte al portador

Los líos de Chivas no anuncian nada bueno

¿Tan difícil es manejar un equipo de futbol? Pues, a juzgar por la permanente inestabilidad de Chivas (y de algunos otros clubes en los cuales reina también una atmósfera de constante incertidumbre), el tema parece tan complicado como llevar las riendas de la nación.

Los descontentos ciudadanos de este país critican airadamente al presidente de turno, sea quien sea y venga de donde venga. No recuerdo que el anterior, Don Felipe Calderón, gozara de un trato particularmente deferente ni que se le dispensaran amabilidades excepcionales. Además, el señor Obrador se encargó personalmente de atizarle su correspondiente dosis de denuestos y ofensas. Antes del antedicho, Don Vicente terminó su gestión un poquitín zarandeado pero con una aceptación popular de cualquier manera bastante aceptable. Estamos hablando, sin embargo, de personas que tienen un trabajo complicadísimo porque, señoras y señores, vaya que México es un país difícil de gobernar.

Pero, a ver, contratar a jugadores, digamos, en un Cruz Azul, y lograr un campeonato, ¿es una misión imposible? Los actuales mandamases del club cementero nos avisan, una vez más, de que sus esforzados jugadores, que ahora sí que son los buenos y los idóneos y los cualificados y los debidamente competentes, están en plenas posibilidades de “obtener un título”. ¿Por qué los otros, esos antecesores suyos tan igualmente capacitados, no alcanzaron tan inmarcesible hazaña? Pues, vaya usted a saber. Dicen las malas lenguas que el patrón Billy Álvarez es el primerísimo responsable de este estado de cosas y que los problemas internos de la cooperativa terminan por reflejarse en los desempeños de los jugadores en la cancha. Es prácticamente imposible determinar quién es el verdadero culpable en este apartado. Pero, los sufridos aficionados pagan los platos rotos y se consolida maldición de no obtener el codiciado trofeo.

En Chivas ocurre algo parecido aunque el espectáculo para la galería es aún más animado. Hay inclusive una historia de amor devenida en disputa comercial y circula también la especie de que Doña Angélica se entrometía indebida y excesivamente en los asuntos del club tapatío. Y, miren, de nuevo somos los seguidores, entre los que me cuento, quienes no obtenemos las merecidas complacencias luego de nuestro incondicional apoyo. El culpable del momento se llama José Luis Higuera. Como siempre, los pecados los consuma un solo individuo pero, en este caso, no es el dueño ni nada parecido. ¿Por qué le han dejado actuar a sus anchas? Misterio profundo. O, mejor dicho, estilo de la Casa Vergara.  

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