Deporte al portador

Liguilla: una reflexión sobre los que no llegaron

Estamos disfrutando, en estos pagos, el mejor futbol de la temporada. Quienes lanzan las acostumbradas y repetitivas críticas al balompié mexicano habrán de señalar, una vez más, que los juegos deberían de ser siempre así y que los futbolistas hubieran tenido que desplegar esta mismísima intensidad desde el comienzo mismo del torneo.

Pues sí, a lo mejor les faltó la grandísima motivación y el sentido de urgencia que experimentan ahora que se juegan el pase a la siguiente etapa en una competición con partidos de ida y vuelta nada más. Y, también, así de presuntamente facilón como dicen que resulta colarse hasta una etapa final en la que son admitidos ocho equipos de 18, pareciera que muchos de los participantes se toman las cosas con una merecida —o, mejor dicho, inmerecida— cachaza al comenzar cada una de las dos competiciones anuales que tenemos en este país.

Es difícil saber qué pasa de verdad en el terreno de juego, en esa cancha donde, después de todo, tienes que hacer méritos constantemente para que el director técnico te tenga en cuenta y no te mantenga relegado en el banco de los suplentes. Hasta donde yo lo tengo entendido en lo personal, a los futbolistas lo que les gusta es… jugar al futbol. No creo, por lo tanto, que prefieran haraganear para llevársela comodona la cosa.

Pero, miren ustedes, las sospechas están siempre ahí y, la verdad, algunos partidos de esta temporada han sido vagamente espantosos. ¿Es por la indiferencia de ciertos jugadores? Quién sabe.

A propósito de la falta de enjundia recuerdo haber escrito, hace unas semanas, que lo que más me llamaba la atención del estilo de Julio César Chávez junior era, precisamente, su aparente pasividad. Lo dije, en estas líneas, antes de su pelea contra el Canelo. Tampoco es nada sencillo entender por qué un boxeador se comporta de tal manera en el ring. Pero, caramba, las cosas suelen ser lo que parecen.

Volviendo al futbol, nos podemos hacer una pregunta bastante interesante: si los torneos de la Liga MX son tan poco exigentes como señalan algunos comentaristas, ¿cómo es que se quedan fuera equipos importantes? Digo, para unos Pumas, para un Cruz Azul o un América o un Pachuca, el hecho de no estar en la Liguilla es un rotundo fracaso. ¿Ustedes creen que los futbolistas no echaron toda la carne al asador? ¿Se puede pensar que jugaron sin ganas en algún momento siendo que el precio a pagar era, justamente, éste, el de no clasificar? Ustedes dirán… 

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