Deporte al portador

La Liguilla, ashhhh…

El jueves, luego de muchos afanes y compromisos, salí a disfrutar de unas cervezas en un local de la colonia Cuauhtémoc, en la capital de todos los mexicanos. Cuando llegué, la tele trasmitía no sé qué bobadas pero, por ahí de las 21 horas con 40 minutos (ignoro, a estas alturas, el porqué de tan extraño horario para comenzar una emisión televisiva; digo, los partidos de la Champions League empiezan todos, estrictamente, a las 13:45, ¿o no?) se inició la difusión del partido entre Chivas y los sufridos del Atlas (bueno, a lo mejor los estoicos son ambos, los dos jalisquillos, vistos los resultados de los últimos decenios).

El Atlas, les cuento a ustedes (aunque estén de lo más enteradísimos), le anotó un gol de penalti a sus directísimos rivales y los otros ya no pudieron modificar las cosas a pesar de la aplastante y congénita inferioridad de sus enemigos históricos (espero, lectores, que registren benignamente esta apreciación deliberadamente irónica y periféricamente burlona).

Pero, caramba, díganme ustedes, entonces, si el equipo que se coló en sexto lugar de la tabla general debería de echar al que llegó en tercera posición. En lo que toca a los Tigres de ese Tuca Ferretti que domina con tanta solvencia el lenguaje popular mexicano a pesar de sus orígenes brasileños, resulta que le pasaron encima al segundo lugar con todo y que terminaron el torneo regular casi en el sótano, encimita de unos Monarcas que estuvieron a punto de descender a esa División-de-Ascenso-de-la-que-Nadie-Asciende. Ah, y miren ustedes, justo estos naturales de la muy bella capital michoacana vencieron, en el partido de ida, a los mismísimos Xolos de Tijuana, los que encabezaron la clasificación de la antedicha fase regular.

¿Qué pasa, señoras y señores? ¿Qué extrañísima conjunción de los astros del firmamento propicia tan antinaturales resultados? ¿Qué inexplicable fenómeno determina que ocurran tan disparatados desenlaces?

No lo sabemos, ni lo podremos tampoco discernir jamás porque, en estos pagos, el futbol es todavía más impredecible que en los territorios donde un Paris Saint-Germain dilapida asombrosamente una ventaja determinante.

O sea, que Monarcas será el campeón de este apasionante Torneo Clausura 2017. Eh, bueno…

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