Deporte al portador

Descomunalmente injusto y arbitrario

Lo dije la semana pasada y lo repito machaconamente ahora: esto, lo de que los dueños de los equipos de Primera en la Liga MX pretendan anular pura y simplemente el descenso de sus clubes a la mal llamada división de Ascenso y, peor todavía, de que les cierren las puertas a los modestos que aspiran a subir de categoría, esto no es más que el reflejo directísimo del país que somos, de la sociedad excluyente en la que vivimos y de las prácticas monopólicas que acostumbramos.

Un mero síntoma, o sea, aunque con la condición de una lapidaria radiografía. Pero, a ver ¿quiénes se van a aventar al ruedo a defender los intereses de los equipos menores? ¿No hay un ente deportivo que pueda hacer justicia? ¿El futbol no es una suerte de bien público, en tanto que es un deporte seguido por millones de aficionados, como para no merecer la intervención de algún organismo regulador? ¿Es total y absolutamente privado el balompié nacional? ¿No le rinde cuentas a nadie? ¿No se debe a la sociedad? ¿No es otra cosa que un negocio de particulares? ¿No es el estandarte de comunidades enteras? ¿No viene siendo una auténtica seña de identidad de urbes como Guadalajara, León, Monterrey o Puebla? ¿No tiene una historia en la que figuran clubes, como el Zacatepec, que debieran poder figurar de nuevo en el escenario? ¿No tiene nuestro futbol una deuda con el pasado?

Podríamos seguir confrontando a los mentados “directivos” con preguntas incómodas pero a ellos, creo, todo esto les tiene sin cuidado. Desde luego que es importante la caja registradora pero, caramba, en el resto del mundo las cosas no funcionan como aquí: en España, en Inglaterra, en Alemania, en Italia y en Francia, que son las grandes potencias futbolísticas del planeta, los peores equipos descienden de categoría y sanseacabó. No hay más. Y, no pasa nada, no se acaba la industria futbolística ni desaparecen equipos enteros. Al contrario, la competición resulta muy interesante y atractiva a los aficionados.

Aquí, por si no tuvieran ya todas las posibles restricciones los equipos para “ascender” —la jodida e injusta tabla porcentual, la obligación de que hayan transcurrido dos torneos cortos enteros para que haya movimientos y el cupo limitado a un solo equipo—, se plantea, de plano, que no haya ascensos ni descensos.

Es descomunalmente injusto y arbitrario, estimados lectores. Pero, finalmente, estamos en México, ¿o no? 

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