Deporte al portador

¿Llegó el salvador al Atlas?

Escuchabas en la tele a los comentaristas deportivos, hace una semana, luego del partido entre el Atlas y el América, y el equipo tapatío estaba ya totalmente desahuciado: no “jugaba a nada”, carecía de “ideas”, apenas aguantaba un cuarto de hora de buen nivel futbolístico, en fin, era ya un serio candidato para disputarle al Veracruz y al Querétaro —es un decir, lo de “disputar”— el descenso al infierno de esa llamada división de Ascenso en la que puedes pasarte años enteros sin poder volver a ascender debido al sistema monopólico y proteccionista (y que conste que no estamos hablando de economía, amables lectores) que idearon los dueños de los clubes de la Primera para que la caja registradora siga funcionando.

Digo, no es lo mismo que las televisoras y las compañías de distribución satelital te paguen por trasmitir tus partidos —y que tus seguidores acudan bien entusiastas a los estadios debidamente provistos de las camisetas y gorras de la casa— que desaparecer del escenario principal para irte de actor secundario a los humildes poblados de la provincia mexicana donde a prácticamente nadie le importa si marcas un golazo o si logras un hat-trick.

No me había parecido, en lo personal, tan indigno el desempeño de los rojinegros ante unas Águilas a las que se les supone el poderío de un equipo “grande” —y con una chequera bien provista para los fichajes— por más que se diga que Televisa atraviesa tiempos difíciles y que los nuevos ricos de la Liga MX sean los regiomontanos (aparte de un Guadalajara lastrado, como siempre, por su disposición a no contratar a jugadores extranjeros y, últimamente, por la extrañísima baja de eficacia de su entrenador). Después de todo, los de Coapa no lograron anotar más que un gol, siendo que el Atlas había sufrido marcadores adversos más abultados en las primeras tres jornadas.

Pero, a lo mejor ya se notaba, desde la semana pasada, la llegada de Rubén Omar Romano a ese equipo cuya afición tapatía se distingue por una nobilísima fidelidad a pesar de que no ha tenido mayores recompensas en mucho tiempo. En todo caso, el viernes ya fue otra cosa: le pasaron por encima ni más ni menos que al Cruz Azul luego de verse dominados durante toda la primera mitad y de que la ventaja de sus visitantes hubiere podido ser mayor de no ser por un par de oportunidades desperdiciadas.

Ante tal resultado, la gran pregunta, señoras y señores: ¿ensalzamos a Romano o seguimos menospreciando a los cementeros? 

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