Deporte al portador

La impuntualidad, un rasgo muy mexicano

¿Qué niveles de frustración puede aceptar un atleta? O, mejor dicho, ¿cuáles son los sentimientos de desengaño y desilusión que debe asumir cuando el fracaso no resulta de su responsabilidad directa sino del incumplimiento de terceros?

Las lágrimas de esa chica, Doramitzi González, lo dicen todo: se encontraba inconsolable y totalmente abatida luego de no poder participar, junto con sus compañeros, en la competencia de relevos 4x50 mixtos en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro. ¿Qué razón hubo para que —tras meses enteros de duros entrenamientos, de esperanzadores ensueños y de motivantes ambiciones— no pudiera competir? Pues, que los encargados de registrar al equipo, empleados de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) o del Comité Paralímpico Mexicano (COPAME) o de la Confederación Deportiva Mexicana (CODEME) o de la Federación Mexicana de Natación (FMN) —vaya usted a saber a quién demonios correspondía cumplir con tan agobiante trámite— no llegaron a tiempo.

La culpa, según nos dice Liliana Suárez, presidenta del COPAME, es de los brasileños. O, mejor, dicho, del sistema de transporte que implementaron en estos Juegos Paralímpicos. No supimos de que algo parecido hubiera ocurrido en las otras Olimpiadas, las olímpicas, pero en éstas, las paralímpicas, la atención al cliente —que diga, a los atletas— parece que deja mucho que desear.

Entre que son peras o que resultan manzanas, México se quedó sin otra posible medalla. Eso no es lo peor, sin embargo. Lo inaceptable de este suceso es que exhibe unos descomunales niveles de irresponsabilidad. Estamos hablando, además, de que se perpetra un auténtico despojo en contra de unos jóvenes deportistas a quienes, de la manera más imbécil, se les priva de la opción de consumar sus anhelos y de obtener la recompensa al esfuerzo de años enteros. Una infamia, o sea.

Si ya la víspera —como atestigua la señora Suárez en una confusa declaración: “El día de ayer tuvimos una situación, que hicieron cuatro horas para llegar a una sede porque el transporte no sabía el recorrido; entonces sí andaba el profesor de triatlón un poquito preocupado (un poquito, nada más: comentario de este escribidor), lo manifestó, se han tomado las medidas”— había problemas con el traslado del poquitamente preocupado “profesor” y sus atribulados alumnos, entonces le pones una tienda de campaña al jodido Team Leader (así hay que decirle al supervisor del equipo, en perfecto inglés) para que duerma junto a la piscina y no tenga que trasladarse. ¡Carajo!  

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