Deporte al portador

El humor idiota de la televisión deportiva


No soy guapo, pero estoy de moda”, decía el Piojo en una entrevista a MILENIO Diario hace un par de semanas. Y, bueno, ahora una de las dos cadenas predominantes de televisión de este país lo promueve descaradamente como uno de los suyos —como uno de los de casa, vamos— al lanzar al aire un concurso para encontrar al mellizo del entrenador de la Suprema Selección Nacional de Patabola. Y así, en espera de que surgiera el clon definitivo, el que habría de cumplir cabalmente con la asignatura y desempeñar a su vez el papel en la pantalla chica, en cada uno de los programas deportivos que nos han recetado a los televidentes han aparecido imitadores espontáneos que, posando delante de sus teléfonos portátiles o haciéndose filmar por algún asistente voluntario surgido de la parentela, escenifican los gestos y ademanes del personaje. Según parece, este pasado fin de semana habría de consagrarse el doble definitivo, aunque a lo mejor estamos todavía en una de las etapas semifinales o algo así. Yo, por lo pronto, decidí ya no estar enterado porque la propuesta me parece de lo más idiota pero, en fin, al respetable publico, que es quien manda en este país (o quien debiera mandar), hay que darle lo que pida.

Si algo me fastidia del Mundial —y de los Juegos Olímpicos— es tener que conllevar toda la sarta de gracejadas, bufonadas, payasadas, chistoretes y ocurrencias que las televisiones tienen a bien asestarnos inmisericordemente desde que, hace unos 30 años, José Ramón Fernández y su equipo de producción nos ofrecieran unas trasmisiones en verdad divertidas, aparte de profesionales, cuya receta, por desgracia, se agotó muy pronto en una oleada de repetitivas imitaciones, excesos y franco retroceso. Y, ahora, estamos en el peor de los mundos porque, aparte del humor imbécil que nos atizan, debemos tragarnos una dosis de vulgaridad totalmente indigesta.

Pero, me pregunto cuál es el verdadero sentir de los protagonistas, esos futbolistas y esos entrenadores que deben ser parte del juego. Ya miramos, en el pasado Mundial, los lloriqueos de Javier Aguirre en una entrevista deliberadamente sensiblera que le prepararon para… bueno, no sé para qué (tal vez para despertar, en cada uno de nosotros, una suerte de lealtad primitiva y barata hacia “El Tri”).

En este Mundial de Brasil, ¿qué otras malas sorpresas nos tienen reservadas?

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