Deporte al portador

Nada que hacer contra Argentina

Argentina siempre se nos atraviesa en el camino. A Brasil le podemos ganar (bueno, ya le gana casi cualquiera: la nación suramericana atraviesa una extraña crisis futbolística que no sabemos si resulta del catastrófico desplome económico que también está experimentando). A Estados Unidos logramos derrotarlo de vez en cuando. Y, qué decir de esos vecinos de nuestra región futbolística a los que, aunque se hayan puesto una tanto respondones en los últimos tiempos, vencemos casi por tradición.

Pero, ¿qué esperábamos de una potencia del balompié mundial que cuenta con un Messi en sus filas y cuyos jugadores se desenvuelven en los mejores equipos de las mejores ligas europeas, no como segundones condenados a mirar los partidos desde el banco de suplentes sino como auténticos protagonistas?

Uno de mis comediantes favoritos —el periodista Bill Maher, que presenta su programa Real Time los viernes por la noche en el canal HBO— soltó, al enterarse de que unos trabajadores griegos estaban en huelga. "¡Oigan, su país, Grecia, NO tiene dinero!". Pues, tendría el hombre que aparecerse por aquí, en cadena nacional, a advertirnos a todos los mexicanos: "¡Escuchen, el equipo argentino de futbol es MEJOR que el Tri!". O, díganme ustedes si no es cierta esta aseveración. Científicamente comprobable. Financieramente certificable. Estadísticamente constatable. Históricamente declarable.

Luego entonces, cuando cae un gol porque alguno de ellos haya perpetrado una torpeza de libro de texto en el área y que a uno de los nuestros no le hayan temblado las piernitas al momento de plantarse en el punto de penal y que haya podido vencer al guardameta contrario y anotar un golecito y que, luego, jugando bien y con la asesoría del director técnico que inventó el imperecedero término de los "partidos moleros", otro mocetón haya podido consumar el milagro terrenal de que en el marcador del partido figuraran dos tantos a favor de México y cero tantos para el equipo de la hermana República Argentina (bueno, ni tan hermana: cuando ocurrió aquello de la epidemia de gripe aviar, fueron los primerísimos en cerrarnos sus fronteras), entonces, señoras y señores, nos ilusionamos y comenzamos a creernos más grandes de lo que somos. Es natural. Es entendible. Es esperable. Luego, cuando reaccionan los ches (porque, siempre reaccionan, son muy resueltos y obstinados), pues como que las cosas se ponen en su lugar. Y lo digo para destacar un punto: México jugó muy bien. Pero ellos son, simplemente, mejores. Ah, y también en el baloncesto.


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