Deporte al portador

Piqué frente a la furia nacionalista

Gerard Piqué lloriqueando porque la policía del Estado central aporreó a los ciudadanos de su país que participaron en una mascarada de votación. No fue el mejor momento que ha tenido la democracia representativa, desde luego. Porque, finalmente, si era una puesta en escena, una comedia ilegal, ¿tenían que intervenir la Guardia Civil y la Policía Nacional en vez de dejar que los gobernantes desobedientes llevaran a cabo su pantomima? En fin, en medio de sus sollozos y sus pucheros, Piqué recordó aquellos tiempos, durante el franquismo, cuando los españoles, de Cataluña y de donde fuere, no podían ejercer esa primerísima prerrogativa ciudadana. O sea, que comparemos una cosa con la otra, de plano. Y, ya entrados en gastos, equiparemos la vibrante democracia española de nuestros días —donde los ciudadanos votan libremente cada que hay elecciones regionales, municipales o nacionales, y cambian de Gobierno como les viene en gana— con un tenebroso régimen franquista en el cual, lo repito, nadie votaba y el Caudillo sojuzgaba a sus anchas a catalanes, gallegos, manchegos, andaluces, vascos y aragoneses, entre los muchos otros naturales de una nación sorprendentemente diversa y multicultural.

¿No votan entonces los sufridos catalanes? Pues, miren ustedes, ahora mismo mandan en la antedicha Cataluña los independentistas y su proyecto es crear una Estado-nación propio, separado del Reino de España. Y, qué caray, hasta donde yo tengo entendido fueron elegidos libremente por los pobladores de Barcelona, Lleida, Reus y todos los otros rincones de la Comunidad Autónoma. Pero, en fin, a Piqué se le llenan los ojos de lágrimas y ya avisa, con un tonillo quejica de trágicas resonancias, que si alguno de los mandamases de doña Federación cree que es “un problema, o que molesta”, él mismo no tendrá ningún reparo en “dar un paso al lado y dejar la Selección antes de 2018”.

Y, pues sí, los problemas ya aparecen: la reacción de los seguidores de La Roja durante un entrenamiento en el que participó luego el jugador catalán fue una muestra absolutamente destemplada del patrioterismo más chabacano, ramplón y cerril: “¡Piqué, cabrón, España es tu nación!”, bramaban. “¡Fuera, fuera Piqué!”, rugían. “¡Viva España, viva la Selección Española!”, berreaba otro, coreado por una muchedumbre furiosa y primitiva. Escalofriante, si me preguntan ustedes.

Así es el nacionalismo, señoras y señores. Cuando se despierta la bestia, hasta el futbol se vuelve algo perturbador, en vez de ese deporte maravilloso que disfrutamos los aficionados. 

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