Deporte al portador

¿Todavía no se salva definitivamente el Necaxa? Ah…

Que el Necaxa, con todos los méritos que ya lleva a cuestas en su segundo retorno a la primera división del futbol mexicano en poco más de una década, no pueda todavía proclamar que está plena e irreversiblemente salvado de otro posible descenso a la División-de-Ascenso-de-la-que-Prácticamente-Nadie-Asciende, que eso ocurra, repito, me parece una descomunal aberración.

Digo, los Rayos jugaron la semifinal del pasado torneo Apertura, luego de pasarle por encima al Pachuca, vigente campeón en esos momentos de la Liga MX. ¿Entonces? ¿Podrían, por esa maldita y cicatera tabla porcentual, volver a la mentada categoría? Pues, sí, eso todavía podría ocurrir si es que se combinan de cierta manera las derrotas y los triunfos de los equipos que se empantanan en los últimos puestos de la antedicha tabla, independientemente de su posición en el torneo que se está jugando en estos momentos.

No es correcto, no, no es justo y no es normal, como entonaría Alberto Aguilera Valadez, uno de nuestros clásicos. Para mayores señas, el mismísimo Pep Guardiola no lo logró digerir cuando lo sufrió en carne propia luego de los cinco meses que jugó en el Clausura 2006, con los Dorados de Culiacán bajo la batuta de Juan Manuel Lillo. Simplemente, no entendió la razón de tan extraño castigo —bajar a la segunda categoría— luego de los resultados que habían alcanzado. Terminaron en la octava posición y… ¡descendieron!

Por cierto, todos aquellos que estuvieron en contacto con el catalán en su paso por México lo describen como un tipo entrañable y sencillo, un hombre que nunca soltó la menor queja siendo que las condiciones que afrontó en un club muy modesto y con grandes carencias distaban mucho de las que había disfrutado en Europa, por más que su carrera de futbolista se encontrara ya en la etapa final. Guardiola siempre estuvo en las antípodas de José Mourinho, vamos, que es un sujeto particularmente odioso aunque la muy personal antipatía que siento por él se haya mitigado un tanto al saber que dedica parte de sus emolumentos a la beneficencia.

En fin, vuelvo a denunciar aquí, en estas líneas, un sistema que me parece totalmente amañado para que los clubes de la tal Primera no se vean casi nunca amenazados con el descenso. Dicho en otras palabras, es un arreglo de unos dueños que quieren seguirse repartiendo entre ellos el pastel. ¿Hasta cuándo? 

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