Deporte al portador

El estrés de los directores técnicos

Un piloto de un Boeing 747 realiza, justamente, 747 aterrizajes y, ¿qué pasa? Pues, que algunos serán más bruscos que otros —sobre todo cuando haya un fuerte viento cruzado que no permita exquisiteces al momento de posarse en la pista— pero, al final, todas esas maniobras serán adecuadas, correctas, aceptables y validadas; un primer violín de la Filarmónica de Berlín ejecutará, luego de 30 años de carrera, su vigésima interpretación de la Novena de Beethoven y, en esa presentación tan posiblemente rutinaria —o, por lo menos acostumbrada—, no fallará ni una nota, ni se excederá un milímetro en la intensidad del sonido requerido por el director; un operario de la fabulosa planta de Nissan en Aguascalientes (yo estuve ahí, estimados lectores, y es otro mundo) llevará a cabo la delicada tarea de ensamblar una pieza en el tablero de instrumentos de uno de los vehículos fabricados y, luego de miles de veces de haber realizado la misma faena, no tendrá fallo alguno ni afrontará la pesadilla de que, por su culpa, se detenga la línea de producción.

Ah, pero, exploremos un poco el mundo del futbol, señoras y señores: allí, en el banco donde se apoltronan temporalmente los directores técnicos, las cosas no están tan claras ni mucho menos. Más bien, diría yo, la regla no es la exactitud sino, por el contrario, una suerte de incumplimiento que, tarde o temprano, comienza a manifestarse bajo la forma de malos resultados, expectativas no realizadas, fracasos estrepitosos, descréditos, rechazos, cuestionamientos, dudas y cuentas pendientes.

Miren, para mayores señas, la precaria situación de un Zinedine Zidane que, luego de los últimos resultados del Madrid –que no son malos en manera alguna– debe aclarar, a los inquisitivos periodistas, que las preguntas sobre su continuidad no hay que hacérselas a él sino a Florentino Pérez, el mandamás del club. De la misma manera, ¿cuántos directores técnicos están en la cuerda floja, actualmente, en la Liga MX? No son pilotos de 747, amables lectores, sino, tal vez, los individuos más cuestionados y supervisados y fiscalizados y vigilados y revisados de todas las profesiones existentes. No hay, con toda seguridad, actividad profesional donde la rendición de cuentas sea tan decisiva para la continuación en el cargo.

Hagan ustedes, ahora mismo, una lista de los entrenadores que pudieran no seguir mandando en sus equipos. Y, en un escaso mes, hacemos cuentas. ¡Qué chamba tan ingrata! 

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