Deporte al portador

Barça: el altísimo precio de ganar millones


Aquí todavía no llegan jeques árabes, rebosantes de petrodólares, a querer comprar equipos de futbol a precios que desmadran totalmente el mercado. Tenemos, eso sí, a esa subespecie financiera de lavadores de dinero —al servicio de los emperadores del narco— que, aunque mucha gente se crea que aportan beneficios a ciertas comunidades, distorsionan totalmente las economías locales.

El futbol ya es también caro, oigan: una salidita sabatina o dominguera al estadio, con la prole, te cuesta un ojo de la cara entre pitos y flautas: las entradas, las golosinas y los refrescos de los mocosos, las gorras con los colores del equipo que braman para que se las compres, las chelasque te vas a trincar con la mujer (digo, si es que tienes la fortuna de que te secunde en tus aficiones), en fin.

Ahora bien, a pesar de la desaforada comercialización de este deporte de masas y de que la mentada Liga Mx es un negocio eficazmente llevado y ejemplarmente organizado, los precios de los jugadores que trotan en las canchas de nuestros estadios no alcanzan ni lejanamente las astronómicas cifras que sueles ver en el balompié europeo. Ah, y, hasta ahora, no tenemos competencia alguna con las ligas del vecindario geográfico aunque yo supongo que nuestros vecinos del norte habrán de ponerse muy pronto las pilas porque, en el tema de hacer funcionar a tope la caja registradora, son unos auténticos tiburones. Por el momento, la Major Soccer League asegura un retiro dorado a nuestras estrellas; dentro de algún tiempo, veremos que contratan a jugadores en sus etapas de máximo esplendor. Y ahí sí, sálvense quien pueda.

Eso, miren ustedes, ya pasa en las ligas de la UEFA: la Liga española, que ya se sentía amenazada por el poderío económico de la Premier League, se encuentra súbitamente acorralada por una competición presuntamente menor, la Ligue 1 Conforama francesa, gracias a que se apareció en el escenario un tal Nasser Al-Jelaifi, potentado qatarí, que no tuvo problema alguno para desembolsar 222 millones de euros con tal de que Neymar jugara al lado de Cavani, Di María, Thiago Silva y Javier Pastore en el París Saint-Germain. Y así, de la noche a la mañana, la hegemonía del Real Madrid en la Liga es prácticamente absoluta. O sea, que se acabó el suspenso. La temporada pasada eran dos. Hoy, sólo queda uno. Un equipo colocado sideralmente por encima de los demás. Bueno, hasta que llegue otro millonario catarí y que desmantele al Madrid.  

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