Deporte al portador

¿Un partido de futbol convertido en trampa para ilegales?

La celebración de partidos de futbol en los cuales los aficionados apoyan descaradamente a un país extranjero es de las cosas que más me han llamado la atención en los Estados Unidos (de América). Es algo que se vive como una realidad de todos los días y que a nadie parece importarle. No estoy nada seguro de que los mexicanos aceptaríamos algo ni lejanamente parecido en estos pagos. Imaginen ustedes un encuentro futbolístico celebrado, digamos, en San Miguel de Allende, Guanajuato, o en Ajijic, Jalisco —localidades en las que se han afincado muchísimos estadounidenses— en el cual participara el Tri contra el equipo de la bandera de las barras y estrellas y, siendo nuestros vecinos del norte mayoritarios en el graderío, que celebraran abierta y descaradamente cada uno de los goles que anotaran los fuereños a los de casa, que entonaran cánticos extraños a nuestra idiosincrasia para motivar a sus muchachos y que, finalmente, abuchearan al Horrible Peralta o al Chicharito cada vez que alguno de los dos delanteros se hicieran con el balón. Sería un escándalo nacional, señoras y señores, y comenzaríamos ahí una suerte de cacería de brujas contra los apacibles extranjeros de esas comunidades, aparte de que tendrían lugar solemnísimas conferencias de prensa en Los Pinos para, con un mensaje debidamente viril y de una ejemplar firmeza, restaurar el honor nacional.

Pero, allá como que no les importa. O, a lo mejor, hay que decir que “no les importaba” porque ya no sabemos cuáles habrán de ser las nuevas reglas aplicables ahora que un gorila revanchista, zafio, mezquino, majadero, vanidoso, egocéntrico y simplemente malo se ha apoltronado en la silla presidencial. El tipo es tan inseguro y controlador que, a lo mejor, el tema sí le concierne, o sea, que le parecerá un asunto de interés nacional.

Pero, más allá de los simbolismos, las formas, los complejos de inferioridad y las pretensiones que puedan tener unos y otros, existe otro elemento: a los partidos que juega la Selección Nacional de Estados Unidos (Mexicanos) en el territorio estadounidense asisten miles de compatriotas nuestros que se encuentran en una situación de ilegalidad. Para esos emigrantes, tener la oportunidad de apoyar al Tri es algo así como un fugaz y jubiloso retorno a sus raíces. ¿Los van a cazar, a la salida de los estadios, y los van a enviar de vuelta? 

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