Deporte al portador

Los directores técnicos y la prensa

Los periodistas estamos siempre buscando eso que se llama “la nota”, o sea, algún suceso o un hecho protagonizado por alguien que sea lo suficientemente interesante como para merecer una sabrosa reseña en las páginas de la prensa.

Un personaje como Donald Trump, en este sentido, es una auténtica mina de oro. De hecho, parece ser que no ha habido un individuo más famoso en toda la historia de la humanidad, un sujeto del que se hable tantísimo, en todo momento y en todo lugar. Naturalmente, vivimos una época de total globalización de la información en la que las fronteras han desaparecido. Nunca antes habían circulado tan masivamente las noticias.

También los deportistas son materia muy interesante. Para empezar, son unas auténticas celebridades y la inmensa mayoría de ellos poseen unos atributos físicos envidiables. Ahora mismo están circulando unas impactantes fotos de Serena Williams posando para la revista Sports Illustrated; Rafael Nadal es modelo de la firma Tommy Hilfiger; CR7 aparece en todas las revistas del corazón; en fin…

Ah, pero los hay también, en el mundo del deporte, que son noticia por otras razones: por malcriados, por impulsivos, porque dilapidaron una gran fortuna y ahora viven estrecheces (ahí tenemos al tenista Boris Becker, para mayores señas), porque fueron sorprendidos consumiendo drogas o porque protagonizaron algún escándalo más o menos morrocotudo.

Aquí mismo contamos con una muy nutrida galería de cuentos y enredos, desde las tristísimas historias de los boxeadores que acaban en la miseria hasta los extraños avatares de un sujeto como el Temo, trasmutado en alcalde de Cuernavaca, la ciudad donde antiguamente veraneaban los capitalinos antes de que se enseñoreara la pavorosa inseguridad que la azota.

Y, bueno, los entrenadores de futbol también tienen lo suyo. El Piojo escenificó en un aeropuerto un numerito de macho alfa agresivo que le costó el puesto al frente de la Suprema Selección Nacional de Patabola y muchos otros se han comportado un tanto destempladamente con los inquisitivos entrevistadores de los medios. Paco Jémez no es precisamente el hombre más paciente y prudente del planeta pero, debo decirlo, nosotros somos también muy latosos e impertinentes, aparte de irrespetuosos en muchas ocasiones. Con la circunstancia agravante, además, de que tenemos el poder de la pluma para descalificar al primero que se nos pare enfrente. A ver quién tiene la piel más delgada, al final. 

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