Deporte al portador

Había que despedir fulminantemente a Osorio

El pasado fin de semana, los aficionados mexicanos al futbol atravesamos una experiencia irritante, frustrante, enfadosa, molesta y bochornosa, por no emplear que algunos de los adjetivos del diccionario que pudieran explicar las cosas: la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos) —ese grupo de aguerridos jugadores que tantas expectativas nos despiertan y que, hay que decirlo, llevaban 22 encuentros, o algo así, sin conocer la derrota y que, desde que el actual director técnico tomó sus riendas, no habían recibido más que un gol y conseguido cuatro victorias seguidas en partidos oficiales— se derrumbó estrepitosamente ante la Superlativa Selección Nacional de la República de Chile. Siete goles nos metieron, en la que viene siendo la más abultada y vergonzosa derrota del Tri en su historia (fuera de un amistoso jugado en Inglaterra). Siete mazazos. Siete puñaladas. Siete leñazos. Siete ramalazos… Y, no sigo con las imágenes poéticas para no echar más sal a la herida.

Muy bien, luego de tan infamante resultado y sumidos en una depresión deportiva nacional, vimos que comenzaron a circular de inmediato toda suerte de especulaciones sobre el futuro del Don Juan Carlos Osorio y advertimos también que algunos comentaristas opinaban que debía abandonar fulminantemente su puesto, ofreciendo espontáneamente su renuncia a los señores directivos de Doña Federación, mientras que otros pocos propugnaban la solución temporal de mantenerlo ahí.

Pues bien, me permito soltar aquí mi opinión personalísima, sesgadísima y subjetivísima: el señor Osorio se hubiera debido de ir en el primer minuto de la derrota, por decisión propia o por imposición tajante e inapelable de los mentados directivos. ¿Por qué? Por una simple razón, estimados lectores: porque perdió por siete ignominiosos y degradantes goles un partido internacional de futbol. Por eso nada más. Y, por eso nada menos. Digo, ¿no es lo suficientemente vergonzoso el resultado como para significar, en sí mismo, la más absoluta razón para el despido?

A los futbolistas no los podemos cambiar a todos, aunque algunas personas les quieran endilgar la responsabilidad en un partido mal jugado, precisamente, por las erráticas decisiones del entrenador. Pero, lo repito, esos siete goles son siete razones para mandarlo de vuelta a su casa a Osorio, no para concederle graciosamente una compasiva prórroga. En fin... 

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