Deporte al portador

El deporte: una vacuna contra la delincuencia

Como el problema de la violencia criminal sigue brotando, de manera tan estremecedora e inquietante, y como las posibles soluciones –esa lucha frontal contra las organizaciones del narcotráfico, esas estrategias de combate a la venta de drogas o esas capturas tan visibles, y tan cacareadas, de los más prominentes cabecillas— no dan todavía los resultados que espera la población de este país (por el contrario, millones de ciudadanos se sienten directamente amenazados por los delincuentes), hay que voltear la mirada para descubrir, en el horizonte de las acciones implementados en otros pagos, las iniciativas que sí han funcionado.

Ahí tenemos, para mayores señas, el programa de orquestas infantiles y juveniles emprendido por el maestro Abreu en Venezuela, gracias al cual miles de chavales de las zonas más desfavorecidas se integran en una orquesta sinfónica y, en un primer momento, aprenden a trabajar en equipo, a tener disciplina, a seguir instrucciones del director y luego, por si fuera poco, descubren la belleza de la música, algo que los sensibiliza y los vuelve, a la larga, mejores ciudadanos. Naturalmente, ese país, gobernado de manera delirante por el tosco imitador de un líder populista se está hundiendo en una espiral de inseguridad y estrepitoso derrumbe económico pero ese es otro asunto.

Pero hay otro terreno donde se pueden también desarrollar todos esos jóvenes que, sin futuro ni oportunidades, caen tan fácilmente en las garras de la delincuencia: el deporte, como bien saben los mandamases de los regímenes dictatoriales, es una actividad que promueve muchos valores personales (los tiranos lo usan como herramienta propagandística pero, de nuevo, ese es otro tema) y, sobre todo, que le da un sentido a las cosas en tanto que los logros implican el reconocimiento de los demás.

Es muy fácil desentenderse del joven conflictivo y transgresor pero cuando ves que ese muchacho se transforma porque alguien le tiende meramente la mano –que le pone un par de guantes de box en los puños, que lo entrena, que lo motiva y que le otorga su confianza—entonces te das cuenta de que muchos de esos destinos que parecen perdidos merecen simplemente una oportunidad. A ver si se enteran nuestras autoridades y comienzan a trabajar de veras. 

 

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