Deporte al portador

Copa Libertadores: no se puede estar en todas partes

Seamos razonables: jugar la Libertadores en 2017 significaría, para los equipos mexicanos, un esfuerzo descomunal por las distancias que tiene este subcontinente, por el calendario de la Liga MX, por los compromisos de la Concachampions y por la participación de los jugadores de los distintos equipos en los partidos oficiales de la FIFA.

O sea, que no es por cortedad de miras ni tampoco por la codicia de Azcárraga y Salinas Pliego, como denuncian los quejosos de siempre. No se ajustan las fechas y sanseacabó. Tampoco la Conmebol se ha mostrado demasiado flexible ni consintiente aunque, miren ustedes, ahí sí que nadie dice nada ni se escuchan tampoco las voces de los inconformes.

¿Le afecta al futbol nacional esta retirada? Pues, estamos hablando de una competición muy importante en una zona del planeta donde hay una gran tradición futbolística. Pero, al mismo tiempo, tenemos que justipreciar en toda su dimensión la jerarquía de nuestra liga y posicionarla donde le toca, a saber, como una de los torneos más sólidos del mundo en lo que se refiere a la asistencia de los aficionados a los estadios, la generación de recursos económicos y la simple proyección social del futbol. No es una un tema menor ni mucho menos sino un asunto en el que están involucrados patrocinadores, empresas de televisión, seguidores y jugadores extranjeros (de Sudamérica, sobre todo, miren ustedes): estamos hablando de un auténtico sector de la economía que mueve miles de millones de pesos y que, además, está excepcionalmente bien organizado.

Desde luego que se podrían cambiar algunas cosas: en lo personal, creo que el sistema de puntuación para determinar a cuál de los equipos de la llamada División de Ascenso le toca el milagro portentoso de colarse a la primera línea del torneo es, aparte de implacable e inclemente, una especie de práctica monopólica para que los equipos de siempre no se vean nunca verdaderamente amenazados con el espantajo de jugar como segundones. Y, aparte, le quita suspenso al torneo porque no habría algo más emocionante que la posibilidad de que un Cruz Azul, unos Pumas o hasta un América bajaran a los infiernos (cosa que hubiera ya podido ocurrir si descendieran tres en cada Apertura o Clausura). Pero, en fin, la Liga MX es tremendamente exitosa y para los directivos de doña Federación es ahí donde están las prioridades, no en los partidos jugados en Maracaibo, Valparaíso, Tucumán o Recife. Pues eso.

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