Deporte al portador

¿Los chavos de la Sub-17 romperán el maleficio?

Pero, a ver: ¿cómo está eso de que tres de los semifinalistas del Torneo Sub-17 hayan estado en el mismo grupo en la fase eliminatoria?

Pues, ya ven ustedes lo extraño que es el futbol. Justamente, resultó que sí tenía algo que decir el rival del primer partido que jugó México, ese equipo nigeriano tan avasallador: 20 goles anotados.

Al mismo tiempo, al Brasil que metió 19 lo dejaron fuera nuestros muchachos. Y este adjetivo posesivo lo utilizo con la alegría de que estos chavales se hayan plantado tan bien en la cancha durante la tanda de tiros penales en su condición, primeramente, de defensores del título y, en segundo lugar, como dignísimos representantes de la juventud mexicana.

Luego, cuando crecen, no sabemos ya lo que les pasa. Se aburguesan. O, como diría Arturo Pérez-Reverte —pedazo de escritor y columnista portentoso cuyos artículos no hay que perderse los domingos en las páginas de MILENIO Diario—, se amariconan (por cierto, no sabemos cuánto tiempo más podremos utilizar los escribidores palabras tan sabrosas porque, con eso de que la corrección política se ha convertido en una práctica dictatorial promovida por los señores jueces del la Tremenda Corte, a lo mejor van a intentar censurarnos, primeramente a punta de advertencias y, si no entramos al redil, a multarnos o hasta prohibirnos publicar nuestros escritos salpicados de coloridos adjetivos).

En fin, volviendo al tema de la pérdida de la potencia ofensiva y empuje que tan jubilosamente exhiben ahora estos muchachos, no hay manera de evitarlo: van a crecer. Lo único que hace falta es que pase el tiempo. O sea, que van a madurar y envejecer hasta convertirse, algún día, en ancianos futbolísticos de 37 años de edad, como Antonio Naelson Matias, apodado Sinha.

Ya vieron ustedes que el hombre ha sido elegido como uno de los que le pueden salvar los trastos a la Selección “Mayor”. Los otros adultos, sin embargo, no funcionan. Basta con que jueguen en Europa para que se esfumen sus talentos con el Tri. Están muy consentidos, dicen. No lo creo. No hay un solo futbolista profesional en el mundo entero que no deba trabajar como una bestia de carga para estar siquiera en la cancha: entrenamientos, dietas, sesiones de gimnasio, ejercicios y una disciplina de hierro son condiciones forzosas para todos.

Pero, algo le ocurre a los futbolistas mexicanos cuando dejan la pubertad. Ojalá estos chavales, si vuelven a ganar el Mundial Sub-17, rompan el maleficio.