Deporte al portador

Emery, un obstáculo para Luis Enrique

La noticia deportiva de la semana es la estrepitosa derrota del Barça a manos de un Paris Saint-Germain cada vez más ambicioso y peleón. ¿Qué pasó? ¿Cómo es que un equipo plagado de talentos —Messi, Suárez, Neymar, Piqué e Iniesta, para mayores señas— no logró imponerse en la cancha y sacar por lo menos una derrota no demasiado deshonrosa que pudiera mantener viva la llama de la esperanza?

Que Suárez proclame que esto no está acabado viene siendo una suerte de fantasía infantil de quien espera cándidamente milagros que raramente ocurren en la vida real. Naturalmente, en el Super Bowl del otro fin de semana vimos el portentoso regreso de unos Patriots que escenificaron una gesta de históricas resonancias. Pero, miren ustedes, el problema de los blaugranas resulta, según parece, de un director técnico que ha perdido ya la magia y la autoridad con sus jugadores —aunque le podamos reconocer que no sea un seguidor de The Donald como los otros— y de unos presuntos protagonistas que, el miércoles, en la Ciudad Luz, parecieron tan extraviados que muchos comentaristas ya califican sus desempeños como los “peores” de toda su carrera con el equipo del Camp Nou. Messi no dio una, Busquets e Iniesta estaban “fuera de forma” y el único que trató de salvar los muebles fue un Neymar que no contó con el apoyo de sus indolentes compañeros. O sea, que en ningún momento hubo un Tom Brady respaldado por sus pretorianos en el campo de juego.

Ah, pero del otro lado tenemos a un personaje llamado Unai Emery, un tipo que tuvo una trayectoria de futbolista bastante oscura en la Segunda División de España pero que, terminada su carrera a los 34 años en el Lorca Deportiva de la… Tercera División, comenzó, justamente, a entrenar a sus antiguos compañeros hasta llevarlos, por primera vez en la vida del club, a la Segunda. Con el Almería, en 2007, hizo la hazaña de auparlos a la subcampeonato de la Liga y de exhibir el mejor ataque de la competición. De ahí, señoras y señores, al Valencia: tercer lugar, plaza en la Champions… Es decir, ligas mayores. Su incursión en el futbol ruso no fue muy afortunada pero luego de dirigir el Spartak de Moscú vuelve al Sevilla, con resultados buenos pero no demasiado espectaculares hasta que, en junio de 2016, es nombrado sucesor de Laurent Blanc al frente de los parisinos.

Por lo pronto, ya alcanzó un logro espectacular: propinarle una humillante derrota al que era, hasta hace poco, el mejor equipo de futbol del mundo.

revueltas@mac.com