Deporte al portador

¿Osorio? Pues… ahí sigue, en lo suyo

En el diario El País escribe John Carlin unos artículos estupendos sobre futbol. Hace unas semanas, me parece recordar que calificó a José Mourinho de “payaso”, o algo así. Es evidente que el técnico portugués no es santo de su devoción. Y, pues sí, los modos del antiguo entrenador del Chelsea son los de un tipo vagamente odioso, descaradamente petulante e inmoderadamente altanero. Es de los que, en su ámbito particular, contribuye a ese recrudecimiento de la crispación global que sobrellevamos, cada día, en una sociedad donde la urbanidad es un bien cada vez más escaso. Lo más curioso es que esa falta de elegancia va acompañada, a la vez, de una inquietante oleada represiva, de la disposición generalizada a prohibir expresiones, comportamientos y actitudes bajo el pretexto de lo políticamente correcto. Vaya contradicción, justo en el momento donde tenemos, al frente de la nación más poderosa del mundo, a un auténtico impresentable.

En fin, volviendo al tema del actual director técnico del Manchester United, el personaje es deliberadamente provocador y, como dicen en la Península, muy “echao p’alante”. Pero, de ahí a reducirlo a un mero “payaso” hay cierto trecho que, más allá de que a mí en lo personal no me resulte tampoco nada simpático el sujeto, no se puede recorrer sin detenerse a sopesar cuáles puedan ser sus verdaderos méritos deportivos. Carlin le achaca al portugués una disposición extremadamente defensiva o, peor aún, carente de verdadera ambición, por no hablar de grandeza. Puede ser, oigan ustedes. Pero, justamente, ¿cómo saberlo? ¿Cómo podemos nosotros, los simples aficionados, evaluar el trabajo de un director técnico en un equipo de futbol? ¿A partir meramente de los resultados? ¿Escuchando las opiniones de unos futbolistas que, uno supondría, lo menos que quieren es sincerarse y seguir así contando con la confianza del Profe, con el apoyo de un Míster que lo primero que haría, en caso de alguna indiscreción o una crítica directa, es condenarlos al banco de los suplentes?

Todo esto nos lleva a la figura de Osorio, el estratega de la Selección Nacional de Futbol de este país. Las opiniones sobre él son muy encontradas: se le culpa de no tener siquiera un sistema claro de juego, de cambiar constantemente de jugadores o de no organizar defensivamente al equipo. Los futbolistas, por su parte, estarían más o menos contentos con él. Por lo pronto, el hombre está entregando buenos números. Dejemos ahí la cosa… 

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