Deporte al portador

¿Cómo armar una selección nacional?

El mejor futbol del mundo no lo juegan los equipos nacionales sino, con perdón, los clubes que forman parte de la Unión de Federaciones de Futbol Europeas —la famosa UEFA— en los que, semana a semana, unos futbolistas que disfrutan de millonarios emolumentos se entrenan concienzudamente para seguir escrupulosamente las indicaciones tácticas de su director técnico.

No hay comparación posible entre la Champions League que se juega en Europa y las competiciones que organizan las otras federaciones autorizadas por la opaca Fédération Internacionale de Football Association —o sea, la FIFA— comandada por el inefable Joseph Blatter: de la Concachampions no hablemos, por favor, porque se nos suben los colores al rostro, y el único torneo de clubes rescatable —o sea, de nivelito— es el que coordina la no menos tenebrosa Confederación Sudamericana de Futbol, mejor conocida por su arbitrario acrónimo de Conmebol, donde participan equipos de relumbrón tales que River Plate, Santos, Boca Juniors, Peñarol y otros de indiscutible pedigrí .

Lo que quiero decir es que la mera rutina semanal de los clubes —instituciones privadas en las que a veces meten las narices los gobiernos estatales y municipales— garantiza un funcionamiento futbolístico mucho más contundente que el que produce la asociación circunstancial, apresurada y fortuita de futbolistas venidos de procedencias lejanas que, al mando de un entrenador que ni siquiera conocen bien, se ponen a jugar buenamente en una cancha para, encima, defender sus colores nacionales.

A lo largo de los torneos regulares, nuestro entrañable Piojo no puede adentrarse en los vestidores de los equipos locales para ofrecer charlas motivacionales o para comunicar sus estrategias en el terreno de juego, por más que haya estado vinculado al club de Coapa o que deba cumplir con todas las agobiantes servidumbres de la mercadotecnia. Tendrá, si bien le va, algunas semanas para juntar a sus pupilos y enseñarles a entenderse (que de eso va el asunto), antes de aparecerse en tierras brasileñas para disputar su primer partido.

Luego entonces, un equipo nacional, por su propia naturaleza, no cuenta ni remotamente con las condiciones para tener buenos desempeños. Ya podrán aparecerse, en el último minuto, los “europeos” (algunos de los cuales casi ni juegan en sus equipos), o incorporarse los locales, pero el problema sigue ahí. Así es esto. Ni modo…