Deporte al portador

¿Vilipendiar al “gigante” que no gana?

Si el Tri no le gana “caminando” a los equipitos de nuestra región, como dijera el bueno de La Volpe en sus tiempos como director técnico del equipo nacional, entonces los ánimos del respetable público se exaltan de tal manera que a los futbolistas —y, desde luego, al entrenador de turno— les toca una andanada de descomedidos denuestos, descalificaciones e invectivas.

Los mexicanos no sabemos ni ganar ni perder, señoras y señores. Las victorias las exageramos fuera de toda proporción y las celebramos como si hubiéramos conquistado medio planeta o ganado tres o cuatro guerras mundiales; salimos a la calle a festejar con insolente arrogancia y a exhibir un rústico patrioterismo, de vergüenza ajena. Ah, pero cuando nos toca la derrota, pues entonces nos brota un bajo impulso denigratorio: los “ratoncitos verdes” son una pandilla de individuos acomplejados, incapaces de plantarse con autoridad ante el arco rival y con un miedo congénito al éxito; ah, y les tiemblan indefectiblemente las piernas cuando tienen que lanzar penaltis (quién sabe qué será lo que les pasa a los argentinos, a los franceses o a cualesquiera de todos esos futbolistas que también fallan estrepitosamente sus tiros desde el manchón penal).

Y, bueno, nos gusta también descalificar a los otros equipos de la Concacaf: sería ésta una de las confederaciones más débiles de todo el planeta, sin nivel y sin jerarquía, y el hecho de pertenecer a esta agrupación de naciones tan pobres futbolísticamente nos condenaría a no poder superarnos y a no salir jamás de nuestra mediocridad, puesto que no nos enfrentamos a equipos de verdadera prosapia. Por si fuera poco, nos hemos catalogado, nosotros mismos, como los “gigantes” de la zona lo cual, si lo piensas, viene siendo una suerte de pesada losa que llevamos encima porque, en esa condición de presunta superioridad, debiéramos siempre… mostrarla.

Pues sí, los colosos están obligados a ser colosales, en Trinidad y Tobago, en Haití, en Jamaica, en El Salvador y en Canadá. De Estados Unidos, por cierto, mejor no hablamos porque muchas veces se nos atraviesan en el camino y ya ha ocurrido que nos dejen fuera del mismísimo Mundial. Y ahí está, de la misma manera, Costa Rica, cuyos desempeños en la pasada competición mundialista fueron mucho mejores que los de México.

En fin, hoy juega la Selección Mexicana de Futbol y, si los muchachos no ganan (lo cual parece, con perdón, bastante probable aunque los ticos no estén jugando en lo absoluto al nivel que mostraron en Brasil), mañana habremos de repetir, machaconamente, nuestros vilipendios de siempre.

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