Deporte al portador

Victorias perfectamente inútiles

Para matar a una mosca no necesitas utilizar la bomba atómica. Y, bueno, para jugar contra Cuba y ganarle (en el futbol, esto es, porque en cualquier otra disciplina nos pasan por encima) no se requiere de un equipo plagado de estrellas domésticas sino que puedes llegar al estadio, con media hora de anticipación, y poner en la cancha, digamos, a los juveniles más aventajados del sureste de la República mexicana.

Con esto te basta porque la inocencia de los caribeños es de tal calibre que casi cualquier equipo —de Asia, África u Oceanía, por no hablar de nuestra confederación, la tal Concacaf, plagada de conjuntos de muy bajos desempeños— les puede endosar la media docena de goles que anotaron nuestros esforzados muchachos del Tri. Pero, entonces, ¿había que utilizar tan ofensivo armamento, justamente, para avasallar a un adversario de tan poca prosapia en la Copa Oro? Ah, y el que sigue es el equipo de Guatemala y luego, ay mamá, se nos aparece Trinidad y Tobago en el horizonte.

Y todo esto, a lo largo de dos interminables semanas, hasta el domingo 19. En esa fecha, el primero del grupo C —México, si es que no ocurre una hecatombe planetaria— habrá de enfrentar al tercer mejor de los grupos A y B. O sea, que los directivos de doña Federación y el señor director técnico de la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos) tomaron la decisión de llevar a un equipo menor a la muy prestigiosa Copa América, presenciada y seguida por millones de espectadores en todo el mundo, pero para contender en la fase de grupos —contra Cuba, Trinidad y Tobago y Guatemala que, con perdón, no se comparan a Argentina, Brasil, Uruguay y Chile— de una competición regional, hacen venir a las estrellas estadounimexicanas del firmamento europeo y, no sólo eso, sino que las ponen a jugar previamente unos partidos amistosos donde, encima, se lesionan.

Por alguna muy extraña razón, y contra el sentido común, se privilegió la Copa Oro estimando, además, que la participación en la competición sudamericana iba a mermar a los futbolistas (pero, los amistoso no), como si estas dos semanas de paseo, ahora, no fueran suficientes para recuperar la forma y como si aquello, lo de enfrentar a los mejores del continente, no fuera a servir para tener a punto —es decir, bien afilados— a los jugadores. No sé ustedes, pero este absurdo total yo no lo entiendo.

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