Deporte al portador

¿Sigo confesando que soy Chiva o ya no?

Que alguien me explique el insondable misterio de las aficiones deportivas. No hablo de que te vuelvas vagamente adicto al jogging o de que vayas al gimnasio a muscular tus pectorales sino de la fervorosa adhesión a los colores de un equipo de futbol o de baloncesto. Muchas de estas devociones te vienen de familia y tú sólo te sumas a una suerte de rutina costumbrista donde, además, te colocas en el campo de los traidores si es que decides adorar el banderín de algún contrario.

Pero mucha otra gente sigue a un club por razones tan caprichosas como incomprensibles. En la chamba convivo con los infaltables seguidores del América, que no hay quien los desaloje del pedestal al que se han subido (y bueno, vistas las cosas —y visto también el tema que voy a tocar en este alegato—, mis respetos, señores) y anda también por ahí un simpatizante del Toluca. Pero, no he detectado todavía a ningún otro representante de esa especie en vías de extinción, a la que pertenezco, que se declara, todavía, partidaria de Chivas. Soy el único.

Justamente, hace unos días le pregunté a mi amigo Chava, que me vende los periódicos en el centro de la ciudad, sobre cuál pudiera ser el equipo para reemplazar a ese Guadalajara que nos decepciona semana a semana (nos resulta también muy incómodo, de plano, exhibir nuestra fidelidad delante de terceros: comienzan a cansarnos las burlas y los comentarios despectivos). Como estamos en Aguascalientes, se le ocurrió que el candidato natural era el Necaxa. Yo, me incliné por Atlas, que siempre me ha despertado cierta propensión a pesar de que no soy tapatío. Todavía no oficializamos nuestras querencias, sin embargo, en espera de que ocurra algún milagro celestial o, por lo menos, lo suficientemente terrestre como para pesar positivamente en el marcador.

Culpan a Vergara de la debacle. No estoy tan seguro aunque la impaciencia del hombre a lo mejor ha afectado la viabilidad de los posibles proyectos de largo plazo que hubiera podido tener un cuerpo técnico. Pero no se le puede culpar, a un empresario indudablemente exitoso, de no haber echado toda la carne al asador. Vamos, hasta un estadio nuevo construyó —un escenario deslumbrante, aparte de dignísimo— más allá de que hizo venir a gente de Holanda, de España y de quién sabe donde más para ver si podían arreglar las cosas.

Ocurre, con todo, que nuestra paciencia de aficionados tampoco es infinita. Al tiempo…

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