Deporte al portador

Sambueza le salva el pellejo a Matosas

Quién lo viera, a Rubens Sambueza, haciendo humildemente los deberes, recorriendo la cancha de un extremo al otro, reincorporándose instantáneamente después de recibir faltas auténticas, colocando balones, dando asistencias y servicios. En fin, que el hombre está irreconocible.

Ayer, tuvo mucho que ver en la fugaz recuperación de un equipo que había recibido 10 goles en los tres últimos partidos (uno de ellos contra ese Necaxa que se esfuerza denodadamente por ascender de una tal ‘División de Ascenso’ que, ya lo sabemos, representa en los hechos una especie de condena a cadena perpetua y que, mañosa y deliberadamente, sólo otorga un puesto al año en una rifa tan imposible de ganar como un premio de lotería).

Formica, el del Cruz Azul, tuvo también su responsabilidad en la derrota de los cementeros: falló dos ocasiones muy claras —una de ellas un incuestionable gol cantado— mientras que el señor Roque Santacruz, autorizado por el técnico para aparecerse en la fase final del encuentro, fue una auténtica figura fantasmal porque nadie, ni el experto José Carlos Toffolo Júnior, cuyo nombre de guerra es Alemao (ustedes perdonarán, pero llevo un cuarto de hora de búsqueda en el menú de Word para Mac y no encuentro una letra ‘a’ con tilde para escribir en correcto portugués) y quien ayer —y en mi muy parcial y subjetiva apreciación— fue probablemente el mejor futbolista del antedicho Cruz Azul, nadie —lo repito—, pudo colocarle a don Roque un balón, digamos, al alcance de su cabeza para que, justamente, cabeceara y metiera un gol que pudiera garantizar, a estas alturas, los rendimientos que espera la junta de inversionistas cementeros.

Pero, bueno, así son las cosas. Recuerdo haber soltado, hace ya algún tiempo, muy destempladas apreciaciones sobre Rubens Sambueza —es cierto que el personaje era una versión subcontinental de Robben, digo, en el tema de los piscinazos y las actuaciones resultantes de las faltas, reales o imaginaras (que diga, imaginarias), que cometían (presuntamente) sus adversarios—, pero el señor ha recapacitado, se ha rehabilitado y reformado y, hoy por hoy, es un futbolista modélico —serio y esforzado, aparte de honesto— que ayuda muchísimo a esas Águilas que, en espera de que tramiten el otro clásico, parecen haber recobrado cierto empuje. Y, bueno, de Cruz Azul ni hablamos. 

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