Deporte al portador

Retorno de Osorio al circo romano

Sí, estimados lectores, la arena futbolística es un circo cruel —aunque ya no sangriento, por fortuna— donde la reputación de los gladiadores se pierde irremediablemente después de un marcador de escándalo como ese 7-0 que nos asestó Chile en la prestigiada Copa América.

Y, bueno, digamos y admitamos a regañadientes que el estadio Cuscatlán era un escenario durísimo donde los locales, además de no tenernos demasiada simpatía y de necesitar desesperadamente los tres puntos en disputa, iban a tundirnos de lo lindo, a soltar patadas, codazos, mordidas, escupitajos y jalones de pelo, según se dice que acostumbran los centroamericanos cuando juegan en casa, arropados por su gente y azuzados por sus fieros aficionados.

Pero, por favor, El Salvador no es Chile y Honduras tampoco es Francia, y el torneíto que estamos disputando ahora, una cuarta ronda de la que habrán de salir —¡todavía!— los equipos que jugarán el Hexagonal que tendrá lugar del 7 de noviembre de este año hasta el 10 de octubre de 2017 —¡uf!— no es en manera alguna comparable a esa gran competición, llamada Mundial de futbol, donde los rivales no serán ya ni Haití ni Jamaica sino, justamente, esos grandes equipos que se nos atragantan de tal manera que, pues sí, nos anotan siete goles.

Esta última parrafada que garrapateé es meramente para soltar la siguiente aseveración, con carácter de augurio infausto: si el Tri juega un primer tiempo como el que exhibió anteanoche en el mentado Cuscatlán, sus probabilidades de traspasar el descanso con menos de tres tantos en contra son mínimas: estamos hablando de que se enfrentará a unas selecciones nacionales —como Argentina o Croacia, por mencionar que dos nombres— que no perdonarán el mal futbol, la desorganización, la falta de contundencia y la ausencia de claridad. Y, llegada la parte complementaria, esos 45 minutos decisivos, se ve muy difícil que la Suprema Selección Nacional de Patabola pueda levantar cabeza aunque juegue de manera tan deslumbrante, portentosa y magnífica como lo hizo (bueno, tampoco fue el caso pero apuntemos de cualquier manera que fue una actuación gloriosa) en el partido contra El Salvador.

Estamos avisados. Digo, a no ser que algo cambie… ¿Qué? 

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