Deporte al portador

Pulido y Jiménez, dos historias muy diferentes

No termino de entender el tema de las condiciones laborales de los futbolistas ni mucho menos imagino la cuestión de esos agentes —habilísimos intermediarios, por lo que parece— que tramitan las contrataciones con los equipos y que tienen todos los contactos para negociar directamente con los dueños.

Desde siempre, casi cualquier actividad imaginable es intervenida por terceros que, de pronto, “representan” a quienes realizan el trabajo duro: hay acaparadores de granos en la agricultura, mayoristas que fijan los precios de las materias primas, distribuidores de mercancías que no se pueden comerciar de manera independiente, expertos para esto o para lo otro sin los cuales es imposible realizar un trámite y, en fin, toda una serie de individuos, de muy diverso pelaje, que se interponen en los diferentes peldaños de la cadena productiva para impedir la libre circulación de los bienes y los servicios y obtener, así, una ganancia adicional que, desafortunadamente, termina por encarecer absolutamente todo lo que se pueda vender y comprar en este mundo.

A esta subespecie especializada en la intermediación pertenecen sin duda esos antedichos “agentes” que, de pronto, se sientan a la mesa del patrón de un equipo de futbol para ofrecerle, en exclusiva, los servicios de sus muchachos. Y, tras el convenido alquiler de un jugador, el representante se embolsa muy seguramente una jugosa comisión por sus buenos oficios mientras que el joven contratado pasa a ser una suerte de propiedad particular del club.

A pesar de todo, existen por ahí algunos deportistas que son “agentes libres”, es decir, que pueden negociar personalmente su contratación con un club porque ya no se encuentran vinculados legalmente a un equipo. Pero, para andar a tus anchas por el mundo y que te hagan caso yo supongo que necesitas haber recorrido ya un camino en el ámbito deportivo y tener una cierta reputación. Alan Pulido, el joven jugador respondón de los Tigres de la UANL, no parece querer respetar los términos de su relación contractual con sus felinos patrones: el chavo se manda solo y se entrena a su aire en Italia. No sabemos, todavía, si le va a funcionar lo de haber quemado las naves tan descaradamente. Mientras tanto, Raúl Jiménez, bendecido por un América que recibirá unos 15 millones de dólares, se apresta para jugar en el Atleti del Cholo Simeone. Dos historias. Dos desenlaces. Al tiempo…   

 

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