Deporte al portador

El tal “Pito” Vilanova

Recuerdo muy bien el episodio: José Mourinho, uno de los personajes más odiosos del futbol mundial (si no existiera, habría que inventarlo, como reza la frase tan socorrida, porque su ordinariez termina siendo todo un espectáculo), no tuvo ocurrencia mejor que picarle un ojo a Tito Vilanova, en pleno zafarrancho entre los futbolistas del Madrid y los del Barça luego de concluir un clásico.

Fue en 2011, y los dos equipos jugaban el partido de vuelta de la Supercopa. Vilanova era el segundo entrenador del equipo azulgrana. Cuando le echaron en cara a Mourinho su roñosa faena, el tipo dijo que ni lo conocía, “al tal Pito, o como se llame”. Maneras de rufiancete, las del actual director técnico del Chelsea, cuyo muy dudoso mérito, más allá del impacto mediático que puedan tener sus desplantes e insolencias, es el de promover un futbol tan tacañamente eficaz como feo. Por cierto, una pregunta para todos aquellos adoradores de las estrategias resultadistas: ¿el futbol es meramente un asunto de meter goles, de ganar partidos y de evitar que te los anoten en tu puerta? Pues, si se reduce a eso entonces los estadios se van a quedar vacíos. Pero, miren ustedes un partido portentoso como el que nos regalaron el Madrid y el Bayern este miércoles pasado: entre la pasión de Guardiola, la entrega incondicional de todos los jugadores, el fantástico talento de unos y otros, la casta del club que más títulos de Champions ha ganado y la impresionante habilidad de Carlo Ancelotti para descifrar los partidos, los aficionados pudimos disfrutar de un encuentro fantástico que nos reconcilia, una vez más, con un deporte donde sobran la mediocridad y la insignificancia.

Y, otra pregunta, esta vez dirigida a la mayoría de los protagonistas de nuestra tal Liga MX: ¿ya vieron como juega esa gente, la de esos dos equipos que están disputando una de las semifinales de la Liga de Campeones? ¿No podrían contagiarse un poquitín de la actitud que exhiben aquellos futbolistas, que se desenvuelven en la cancha como si fuera el último (o el único) partido de su vida?

En fin, volviendo a lo de Vilanova, la muerte de un hombre joven es siempre un suceso doblemente doloroso porque va en sentido contrario a lo que debiera ser el orden natural de las cosas. Y sí, ha fallecido “el tal Pito”. Es tal vez una mezquindad recordar, a estas alturas, lo de Mourinho. Lo que pasa es que el tipo me cae muy mal.

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