Deporte al portador

Pacquiao y Cuauhtémoc: a la política los dos

Pocas veces me habían parecido tan evidentes las limitaciones del periodismo impreso como ahora que, obligado a escribir este artículo antes de que se lleve a cabo la tal “pelea del siglo”, no puedo anticipar un comentario, ni mucho menos un pronóstico, sobre algo que los lectores ya conocerán de sobra cuando tengan delante un ejemplar de LA AFICIÓN, a saber, el resultado de ese duelo boxístico.

Una observación, eso sí: creo que el enfrentamiento hubiera debido llevarse a cabo con anterioridad, cuando Pacquiao estaba en la cúspide de su carrera y que no habíamos sido todavía testigos del espeluznante nocaut que le propinó Márquez. Pero, en fin, este negocio del boxeo es absolutamente oscuro por más que los golpes sean tan reales como las irreversible secuelas que llegan a padecer algunos peleadores.

Y, bueno, estamos hablando de ganancias exorbitantes, de una reventa que ha alcanzado niveles de escándalo y de un show organizado por verdaderos profesionales de la mercadotecnia.

También de esto ya se ha dicho todo lo que había que decir, como de la colección de coches de Mayweather o de la carrera política del filipino que, en este sentido, parece ser un hombre más comprometido socialmente que el norteamericano y que, además, es un modelo para millones de compatriotas suyos en un país que, como el nuestro, no logra resolver el problema de la pobreza.

Aquí, uno de nuestros ídolos deportivos ha decidido también incursionar en el terreno de lo público aunque no como congresista sino como aspirante a la alcaldía de Cuernavaca. Es extraña esta súbita afición de Cuauhtémoc Blanco porque el hombre, luego de disfrutar de las mieles de la fama y el dinero, muy seguramente no tiene ni idea de la servidumbre que significa un cargo de esa naturaleza aunque, desde luego, lo suponemos disciplinado y trabajador.

Pero tendríamos que recomendarle, por su propio bien, que se buscara un puesto mucho más comodón en la Cámara de Diputados y, de preferencia, con categoría de plurinominal para que no se vea siquiera obligado a competir como cualquier hijo de vecino y afrontar el trance amargo de la derrota.

En campaña, el antiguo jugador ya tuvo su primer un desliz: soltó, en público, que lo postulaba el PRD en vez del PSD pero, en fin, eso le pasa a cualquiera. Ya ven ustedes que también el góber de Sinaloa lanzó “multi orgásmico” en lugar de “multi orgánico”. ¡Gol! 

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